Monday, June 15, 2020

Nacimiento de la República de Colombia

Orígenes indígenas
Según las teorías del antropólogo americanista Paul Rivet[1], la llegada del hombre América se hizo por varios caminos: por el estrecho de Behring durante la última glaciación o edad de hielo; y por las islas de la Polinesia. Según lo demuestran los vestigios encontrados en las excavaciones de la Hacienda de Tequendama y en El Abra cerca de Zipaquirá, el hombre estuvo presente en la sabana de Bogotá por lo menos desde el año 10,000 antes de Cristo.

Por restos arqueológicos que se han encontrado en diferentes sitios de lo que hoy es Colombia, se deduce que los indios se dedicaban a la caza, la pesca y la recolección de moluscos, frutos y raíces silvestre, y algunas comunidades tuvieron una horticultura incipiente. Otros restos que datan del año 500 antes de Cristo, representativos de la cultura muisca, reflejan una vida sedentaria, en la cual se desarrolló la agricultura, la cerámica, y se comenzaron a formar los poblados. Posteriormente, mediante el desarrollo de una agricultura más productiva, los nativos lograron excedentes de las cosechas de maiz que almacenaban, quedándoles tiempo libre para otras actividades, tales como los ritos religiosos, el tejido, la alfarería y la orfebrería.

Conquista Española

Respecto a la conquista española, el historiador Jorge Orlando Melo[2] nos dice en su obra  Historia Mínima de Colombia: “Los viajes de los españoles a América seguían varios intentos de encontrar una ruta entre Europa y los países del Oriente, de donde se importaban especias y otros productos de lujo”; y en otros apartes nos dice: que “los españoles justificaron la conquista de los indios con razones religiosas, apoyándose en el dictamen del papa Alejandro Borja quien “encargó a los reyes de España convertirlos al catolicismo, y les dio para ello la autoridad temporal sobre sus territorios”.

Algunos extractos de su obra que sobresalen en su naración son:

·      “Los españoles soñaban con convertirse en amos de una población que trabajara para ellos, lo que los haría parecidos a los nobles españoles”. 
·      “Con los indios los conquistadores combinaban violencia, manipulación y seducción. También aprovecharon las guerras y enfrentamientos entre diferentes grupos”.  
·      “Para controlar el territorio los españoles fundaban ciudades, ante todo donde había una población indígena que pudiera sostener a los conquistadores y dar oro". 
.    "En algunos sitios como en Antioquia, Anserma, Cartago y cerca a Popayán había minas, y para trabajarlas, trajeron esclavos africanos.”                                            

Hacia 1542, después de muchos años de violencia, seducciones y engaños, los muiscas estaban en general sometidos y repartidos a los encomenderos. Según Pedro Simón, se pasó de cien mil varones adultos a menos de dos mil en pocos años. Entonces la Corona Española, preocupada por la disminución de los indios, trató de modificar las relaciones de los pobladores españoles con éstos y expidió las “Leyes Nuevas", que prohibieron esclavizarlos y hacer más expediciones de conquista. Además modificaron la encomienda en forma drástica: los encomenderos, en vez de usar el trabajo de sus indios, recibirían un tributo tasado por las autoridades en oro, mantas o productos agrícolas. 

Estas normas y su aplicación gradual e incompleta, hicieron que la relación con los indios pasara de una etapa de saqueo, esclavización y conquista armada, a una de explotación laboral permanente. Las leyes consideraban al indio un “vasallo libre”, pero por la autoridad del rey podía ser obligado a trabajar para los españoles, no tenía libertad de residencia y movimiento, y sus tierras o minas podían ser distribuídas a los españoles. 

El resultado más visible de la Conquista fue la disminución drástica de la población a partir de 1500, por la muerte violenta de los varones indígenas, el hambre y la falta de alimentos porque los indígenas dejaron de sembrar, con la idea de que si no había alimentos los españoles se irían, y también el suicidio de los indios, que se dio en diversos sitios. También disminuyeron los nacimientos, por el envío de jóvenes adultos a zonas de minería como cargueros y bogas; pero fueron las enfermedades y epidemias traídas por los europeos o por los esclavos africanos las que produjeron más muertes.

La Colonia

Los historiadores usaron la fecha de 1550 para indicar el paso a un nuevo período, que se llamó la época de la Colonia. Para esa época se agotó el oro que tenían los indios, el cual obtenían los españoles por trueque o saqueo, entonces comenzaron a organizar la explotación de las minas. Los esclavos tenían una mejor adaptación al calor y tenían ya resistencia a algunas enfermedades comunes en el África, como la malaria, que acababan con los indios de las zonas cálidas. Hacia 1580, cuando la economía minera se consolidó, comenzaron a llegar más y más esclavos. Entonces el oro se convirtió en el centro de la economía colonial, y con éste se pagaban los productos españoles consumidos por los pobladores. 

A partir de 1593 los indios quedaron también obligados a vivir en pueblos, cerca de las tierras de cultivo, o en resguardos. Se formaron así “dos repúblicas”: la de los españoles en las ciudades, y la de los indios en pueblos junto a los resguardos. La civilidad se oponía a la barbarie del campo. En la república de los indios la conquista española fue seguida por la sujeción cultural: una vez sometidos los indígenas, los doctrineros se instalaron en la mayoría de las comunidades para convertirlos y cambiar sus costumbres incompatibles con la religion Católica. 

Los españoles que siendo hidalgos, es decir de sangre limpia, por no descender de herejes ni tener manchas de la tierra (mezcla con indios o negros), estaban exentos de tributos y tenían medios para evitar el trabajo manual. Estos españoles, sumados a los descendientes de los mestizos legitimados de las primeras generaciones y blanqueados por nuevas generaciones de españoles, constituían la nobleza de las ciudades, tenían derecho a ocupar los cargos del cabildo, debían ser tratados como “don y doña” y los demás debían cederles el paso en las calles y dejarlos ocupar las primeras bancas en las iglesias. 

En esta sociedad jerarquizada, los indios estaban sometidos a una tutela minuciosa, defendidos por los sacerdotes. Los mestizos y mulatos estaban por encima de los indios porque podían contratar, comprar tierras, o establecer pequeños negocios, emplearse y moverse en el territorio. Por debajo de esas dos categorías estaban los esclavos negros que eran propiedad de sus amos, quienes podían venderlos y tenían autoridad sobre ellos. Esta sociedad de castas estaba consolidada a comienzos del siglo XVII y se mantuvo hasta 1810. 

Los miembros de la “nobleza” o blancos de primera clase crearon redes familiares que reunían a comerciantes, terratenientes, funcionarios y letrados (abogados y curas) y controlaban la vida de sus ciudades. Los funcionarios españoles casaban a sus hijos con herederas locales; estas familias unían la herencia de la Conquista y la riqueza con el entronque con funcionarios reales y creaban redes muy amplias de consanguinidad que perduraron como una de las formas principales de poder en el siglo XIX. 

Los Comuneros

La guerra con Inglaterra que terminó en 1713, dejó a España debilitada, a pesar de la riqueza de sus colonias en América; entonces decidió reformar a fondo el sistema colonial. La principal reforma fue la creación del Virreinato de la Nueva Granada para tener un gobernante capaz de imponerse a la Real Audiencia. En el nuevo sistema, la Real Audiencia conservaba los poderes judiciales y las tareas administrativas, pero el virrey asumía el nombramiento y control de los gobernadores, la vigilancia del fisco y el mando sobre las tropas que crecieron rápidamente.

Pero estas reformas tenían un interés central, que era el aumento de los ingresos locales y el control de gastos. A los impuestos existentes que gravaban la entrada de productos españoles, y la alcabala que se cobraba a los productos locales, se añadieron dos grandes rentas basadas en el monopolio del aguardiente y el tabaco (estancos). A la incomodidad de los cultivadores de tabaco y de caña se sumó la de los comerciantes. Comenzaron entonces los levantamientos en Charalá y Socorro el 16 de marzo de 1781, cuando los campesinos enfurecidos arrancaron los avisos de las nuevas reglas de impuestos. Las protestas crecieron con rapidez y se extendieron hasta los llanos orientales. En decenas de pueblos se formaron grupos de gente “del común” que se unían y armaban para pedir el cambio en los impuestos. 

A mediados de mayo estos grupos coordinados por los notables de Socorro, Vélez y otros sitios, elegidos por “el común”, habían formado un ejército de 16,000 personas que llegó a Zipaquirá, a un día de camino a Bogotá. Los delegados de las autoridades fueron enviados a hablar con los “jefes comuneros” para tratar de impedir la toma de la indefensa ciudad. Para ello, aceptaron casi todas las peticiones de los rebeldes y firmaron unas capitulaciones el 7 de junio de 1781, que fueron solemnizadas con un juramento en la iglesia de Zipaquirá encabezado por el arzobispo de Bogotá Antonio Caballero y Góngora. 


Cuando los confiados comuneros se desbandaron y regresaron a sus pueblos, el virrey mandó tropas desde Cartagena y comenzó a reprimirlos. Al anunciar que no se cumplirían los acuerdos, algunos volvieron a tomar las armas dirigidos por José Antonio Galán, pero fueron derrotados por las tropas reales, y en diciembre fueron ejecutados Galán y cuatro de sus compañeros. 


Independencia y libertad

El crecimiento de la agricultura, la minería y el comercio, aumentó el poder de las grandes familias del Nuevo Reino. Muchos de sus hijos, frustrados por las restricciones al comercio o a la agricultura, o por la política de dar los mejores cargos a los europeos, querían un nuevo pacto colonial que les diera más poder, reconociera su derecho a ocupar los cargos públicos y creara mayores oportunidades para el progreso, mediante la libertad de comercio, la reducción de impuestos, la supresión de monopolios o la distribución de tierras.

De otra parte estaba el ejemplo de los Estados Unidos y la influencia de los ideólogos ilustrados, que llevaron a pensar en la independencia de América. En 1791 el virrey Ezpeleta apoyó la publicación del primer Periódico de Santafé de Bogotá, en el que escribieron los jóvenes eruditos, como Caldas, Ricaurte, Camacho, Nariño y Zea. En 1801 Jorge Tadeo Lozano y José Luis de Azuola, publicaron el Correo Curioso, y todavía en 1808 los jóvenes científicos lograron el apoyo del virrey Antonio Amar y Borbón para publicar un periódico dedicado a la geografía, la botánica, la zoología y la promoción de la educación pública, que se llamó el Semanario del Nuevo Reino de Granada dirigido por Francisco José de Caldas. 

Los intelectuales americanos parecen haber disfrutado el ambiente ilustrado promovido por los virreyes y lo aprovecharon para formarse, consolidar una red social en las ciudades y villas principales, y participar en discusiones en las que empezaron a sentir que, aunque eran parte de la nación española, tenían intereses propios americanos. La primera confrontación preocupante sucedió en 1794 cuando Antonio Nariño publicó en la imprenta que había establecido con patrocinio del virrey, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano hecha por la Asamblea francesa de 1789. Las autoridades aterradas por las denuncias de que se preparaba una conspiración para acabar con los estancos y apoderarse del gobierno local, reaccionaron violentamente, confirmando la sospecha de los letrados criollos de que las autoridades españolas eran cada vez más hostiles a sus intereses. 

Frente a un rey francés impuesto a la fuerza (José Bonaparte, hermano de Napoleón), hubo una reacción inmediata en varios sitios de España y se formaron Juntas locales para gobernar en nombre de su propio rey Fernando VII. Pronto los criollos propusieron que se formara una Junta local para gobernar temporalmente a nombre de su rey, y en 1809 la Junta Central invitó a las provincias americanas a mandar delegados, pero al Nuevo Reino de Granada le correspondió un solo representante, pero éste nunca viajó a España pues quedó bajo el poder francés. 

En su lugar las diferentes juntas locales enviaron documentos a la Junta Central dando sus instrucciones, siendo el más importante el del Cabildo de Santafé, escrito por Camilo Torres (Memorial de Agravios) que expresaba el pensamiento de los principales criollos, con la esperanza de que se evitara una “funesta separación”, pero siempre que se corrigieran los abusos. Entre muchos otros reclamos, el documento planteaba la representación del reino sobre bases de igualdad entre españoles y americanos, y al amenazar con la independencia si eso no se lograba, iba mucho más allá de las reivindicaciones fiscales de los comuneros. 

En Bogotá los dirigentes del grupo criollo sabían que contaban con el apoyo de Villavicencio, y decidieron aprovechar su llegada para establecer la Junta. Para presionar el virrey Antonio Amar y Borbón, provocaron el 20 de Julio, día de mercado, una pelea callejera con un español al que fueron a pedirle un florero para adornar la mesa en un banquete en honor de Villavicencio. Una multitud se lanzó a las calles y pidió al virrey un cabildo abierto. El virrey cedió a la presión y el 20 por la noche se formó la Junta de Santafé, que asumió el gobierno a nombre del Rey de España. 

Para la mayoría se trataba de asumir la soberanía a nombre del pueblo mientras el rey recuperaba el poder. Pero el peso de los partidiarios de separarse de España era evidente, como lo muestra la redacción del acta misma, que dice que gobierna a nombre del rey Fernando VII, y que le devolverá la soberanía “siempre que venga a reinar entre nosotros”. En los días siguientes y en medio de rumores de conspiraciones, el pueblo salió a la calle a pedir la detención del virrey. Los notables que habían tratado de movilizar al pueblo para lograr el poder local, empezaron a tratar de frenarlo y a evitar choques con los españoles. En todo caso el 15 de agosto Bogotá estaba ya gobernada por una Junta Autónoma y el virrey había sido expulsado a Cartagena. 

Centralismo y Federalismo

Desde el 20 de Julio de 1810 la Junta había propuesto que se escribiera una constitución que afianzara la “confianza pública”. Para buscar el consenso de las provincias y evitar que éstas sintieran que Bogotá fijaba las reglas, el 29 de Julio, siguiendo las orientaciones de Camilo Torres y José Acevedo y Gómez, que querían un congreso “federativo” en el que las provincias se unieran para enfrentar cualquier peligro, Bogotá invitó a todas las demás juntas a enviar un representante a esta ciudad para un congreso preparatorio que fijara las reglas con las cuales se elegiría un Congreso Constituyente. 


En diciembre del mismo año se reunieron en Bogotá los delegados de las provincias que mandaron representantes en respuesta de la cita de Santafé: Nóvita, Socorro, Pamplona, Neiva, Chocó y Bogotá; faltaban Popayán, Pasto y Santa Marta, que estaban en manos de partidarios de la Regencia, Cartagena y Antioquia prefirieron un congreso en otro sitio, y Tunja que rechazó la anexión de Sogamoso a la Junta de Santafé. 

En el primer año de Independencia el entusiasmo por la participación del pueblo primó sobre la visión estamental de que sólo los criollos ricos e ilustrados debían votar. Mientras la representación la tuvieran los cabildos, el más pequeño tendría tanto poder como Bogotá; esto amenzaba la supremacía de Santafé, sede tradicional de las autoridades. En Santafé muchos pensaban que, habiendo sido la capital, debía seguir ejerciendo una autoridad central. Esto llevó a un debate sobre el federalismo y el centralismo. Las provincias no se veían como un país o una nación diferente a la nación española, aunque cierto lazos intelectuales y emocionales neogranadinos habían comenzado a formarse entre los letrados. 

Para los criollos había una patria oficial que era España, y una patria natural que era la provincia o la ciudad donde habían nacido, aunque se estaba formando la idea de una patria americana por las tensiones y rivalidades con los españoles que los convertían en un grupo diferente a éstos. Pero no había una patria neogranadina, pues la Nueva Granada era ante todo una jurisdicción administrativa, que podía ser el virreinato, sin la capitanía de Venezuela. 

Bogotá inquieta por la posibilidad de que el Congreso de las Provincias Unidas creara un gobierno al que debiera someterse, convocó un Congreso Electoral provincial que en mayo de 1811 expidió la Constitución de Cundinamarca. La elección de un nombre indígena para la provincia tenía un valor simbólico y expresaba una ruptura con el imperio español y una tenue evocación del pasado indígena. Cartagena, Antioquia, Popayán, Chocó, Tunja, Pamplona, Socorro, Neiva y Mariquita, para garantizar la soberanía que habían asumido, aprobaron constituciones provinciales imitando la de Cundinamarca. Casi todas las provincias sobre la base de la Constitución local declararon la independencia absoluta de España. 

Al comienzo Bogotá propuso un sistema federal, pues la Junta tenía muchas personas de fuera, pero pronto los bogotanos se inclinaron por un gobierno unificado y centralizado. A finales de 1811, las principales provincias firmaron un Pacto de Unión Federal y formaron un gobierno conjunto de las Provincias Unidas. Bogotá no aceptó firmarlo e intentó seducir a varias ciudades para que abandonaran su provincia y se le anexaran, lo que aceptaron algunas como Leyva y Sogamoso, para romper su subordinación a Tunja. Entonces Bogotá envió tropas para sostener y promover estas y otras rebeliones locales contra las provincias de Tunja y Socorro, lo que condujo a la primera guerra entre los dos bandos de patriotas en 1812 y 1813, que enfrentaron al Congreso de las Provincias Unidas (Cartagena, Antioquia, Pamplona, Tunja y Socorro) y a Bogotá (que tenía el apoyo de Mariquita) y que resultó favorable a Bogotá, gobernada por Antonio Nariño. 

El gobierno federal se concentró en buscar la derrota de los ejércitos españoles que se habían reorganizado en Venezuela.  Simón Bolívar, con apoyo del Congreso de las Provincias Unidas, logró derrotarlos y formar la República de Venezuela en 1812, pero ésta no pudo sostenerse. En 1813 el gobierno de Nariño logró el respaldo del Congreso Federal para hacer una expedición contra Popayán y Pasto, que estaban bajo autoridades españolas. Él mismo encabezó la expedición que fue derrotada y tuvo como resultado una nueva prisión de Nariño, enviado por tercera vez a España. 

En 1814 representantes de Bogotá y las Provincias Unidas firmaron un acuerdo para establecer un gobierno conjunto, pero el gobierno de Bogotá se negó a ratificarlo. A finales de año las tropas federales, encabezas por Bolívar entraron a Bogotá y la obligaron a sumarse al gobierno unificado de la federación, ya en vísperas de la llegada de la expedición de Pablo Morillo. 

Fernando VII recuperó el trono en 1814, cuando Napoleón fue derrotado por Inglaterra. Pronto reasumió el gobierno absoluto de España y preparó una expedición militar que, en 1815, partió hacia Caracas y la Nueva Granada al mando del Pacificador Pablo Morillo. La expedición recuperó Caracas, siguió a Santa Marta y a mediados de 1815 atacó a Cartagena, que enfrentó un largo sitio. Después de más de tres meses de hambre, muertes y enfermedades la ciudad se rindió y en los meses siguientes el ejército español retomó en forma gradual todo el territorio de la Nueva Granada, entrando a Bogotá en Julio de 1816. 

La reconquista española en 1816 y 1817 fue muy violenta. En una época recordada como “del terror”, las autoridades aprisionaron, juzgaron y ejecutaron a centenares de patriotas, como los expresidentes Camilo Torres, Liborio Mejía, Joaquín Camacho y Jorge Tadeo Lozano, miembros de las Juntas provinciales, criollos de prestigio intelectual como Francisco José de Caldas, y gente del pueblo que había apoyado a los rebeldes, como Policarpa Salavarrieta. 


Surgimiento de la República de Colombia

Cuando cayó el gobierno independiente, grupos pequeños de soldados patriotas huyeron a los llanos orientales y formaron guerrillas que sobrevivieron de 1816 a 1818. En este año Bolívar ya había formado un ejército de llaneros en las riberas del Orinoco y, en vez de atacar Caracas, que tenía un ejército español fuerte, decidió unirse a los grupos de los llanos encabezados por Francisco de Paula Santander.


En 1819 el ejército patriota sorprendió a las tropas españolas que controlaban Tunja y el Socorro cruzando la cordillera por una ruta juzgada imposible y atacándolos cerca de Sogamoso, y en dos batallas derrotaron al ejército español, y así pudieron ocupar Bogotá. Bolívar entonces convocó a un congreso en Angostura (Orinoco) para diciembre de ese año. Allí se constituyó la República de Colombia, nombre propuesto por Francisco Miranda para toda la América independiente en 1806, y Bolívar fue nombrado presidente; él consideraba que este nuevo estado debiera incluir los territorios del virreinato, es decir, Caracas, Bogotá, Quito y Panamá. 

En 1821 el Congreso de Cúcuta aprobó la Constitución de la República de Colombia, con delegados de Nueva Granada y Venezuela. Según dicha Constitución, el Estado estaba dividido en tres poderes independientes, siguiendo la visión de Montesquieu: legislativo, ejecutivo y judicial. En ese mismo año Panamá se unió a la República de Colombia; Bolívar marchó al sur con sus ejércitos y en 1823 derrotó a los españoles en Guayaquil y Quito, e impuso el ingreso de estas dos ciudades como el Departamento del Ecuador en el nuevo país. Después siguió a Perú donde derrotó a los españoles y dejó establecido un gobierno republicano. Además creó la República de Bolivia en 1826. 

Sin embargo, tanto Caracas como Quito habían sido independientes de Bogotá, y poco los unía a la Nueva Granada; su estructura social y su economía eran diferentes: Venezuela tenía una participación amplia de esclavos en las activides económicas y era exportador de productos agrarios; Quito, que se parecía mucho a Bogotá, tenía una gran proporción de población indígena y una orientación agrícola. Los dirigentes de las tres regiones tenían muy poco contacto, y unían algunas zonas fronterizas: Popayán y Pasto tenían más bien contactos comerciales y culturales en las zonas fronterizas con Quito, y Pamplona tenía vínculos fuertes con Maracaibo y el Táchira. La Independencia había creado nuevos lazos, en particular por la participación de soldados venezolanos en Colombia y de neogranadinos en las campañas venezolanas. 

No obstante la decisión de unir las jurisdicciones de las tres audiencias no era realista: el gobierno de provincias tan distantes era casi imposible, los congresistas tardaban varios meses en llegar a la capital, las leyes no podían atender en forma adecuada las diferencias ni sopesar los intereses locales; por eso los constituyentes en 1821 se sometieron a la preferencia clara de Bolívar por un gobierno centralista. Se creó así una insatisfacción profunda en las regiones, donde muchos sentían que sus pueblos seguían como antes de la Independencia, subordinados a un poder central. 

Por otra parte los constituyentes de 1821 declararon la igualdad de los indios, de modo que podían participar en elecciones, y eliminaron toda discriminación basada en criterios étnicos o de origen racial, pero en la práctica los indios no iban a las escuelas ni aprendían a leer y escribir, y no eran sujetos independientes en la economía, o sea que no podían vender sus tierras o comprar otras, lo cual los condenaba a la subordinación y a la pobreza, y los convertía en víctimas del autoritarismo de propietarios y políticos vecinos. 

Además, los esclavos no eran hombres libres y por lo tanto no tenían derechos políticos. Pero la existencia de la esclavitud contradecía los principios que habían defendido los patriotas y éstos decidieron acabar con tal institución. Entonces se adoptó el modelo de Antioquia, prohibiendo el tráfico de esclavos y declarando que cualquier esclavo que pisara el territorio nacional quedaba libre, y definiendo como libres a los hijos de los esclavos que nacieran en adelante. Posteriormente en 1850, se tomó la decisión de liberar a todos los esclavos, lo cual redujo los conflictos que su emancipación produjo en otros países de América, como Estados Unidos. 

Es de hacer notar que Santander ejerció el gobierno de Colombia desde 1819, primero como gobernador de Cundinamarca y luego, a partir de 1821, como vicepresidente. Fue un gobernador ordenado y cuidadoso, atento a los detalles, y obsesionado con acostumbrar a los ciudadanos a obedecer la ley que sus representantes habían adoptado. Una de sus frases favoritas era: Colombianos: las armas os han dado la independencia, solo las leyes os darán la libertad.

Referencias

- Beltrán Peña, Francisco (1983). Los Muiscas: Pensamiento y Realizaciones, Editorial Nueva América

- Medina de Pacheco, Mercedes (2006). Los Muiscas – Verdes labranzas, tunjos de oro, subyugación y olvido, Buhos Editores, Tunja

- Melo, Jorge O. (2017). Historia Mínima de Colombia, Turner Publicaciones, Madrid




[1] Paul Rivet fue un etnólogo francés que vivió de 1876 a 1958; creó la teoría oceánica acerca del origen del poblamiento americano, según la cual, los indígenas americanos provienen de migraciones de Australia, Polinesia y Melanesia. En 1942 Rivet llegó a Colombia y fundó el Instituto y Museo de Antropología. 
[2] Jorge Orlando Meloes un historiador, profesor universitario y periodista colombiano, nacido en Medellín en 1942. Entre sus obras más conocidas está  Historia Mínima de Colombia, Turner Publicaciones, 2017

Tuesday, March 24, 2020

Viviendo en Suesca, matrimonio, primeros hijos (1946-1950)

Cumpliéndose hoy el 101 aniversario del natalicio de mi padre, reproduciré con algunas adaptaciones uno de los numerales de la memoria titulada Crónica del Abuelito, la cual escribí hace 15 años a mi padre para celebrarle su 86 cumpleaños.


La siguiente narración de la vida de Rafael Agapito Palacios Sánchez (“el Abuelito”) tiene como propósito recuperar la memoria familiar desde sus orígenes, para destacar los valores, trabajos y realizaciones del protagonista, dar testimonio y rendir un homenaje en vida a lo que él representa para toda la familia, sus parientes, allegados y amigos, con los cuales ha interactuado a través de su existencia. 

Quien la escribe, su hijo Rafael, acudió principalmente a los recuerdos que aún persisten en su memoria, a fotografías de los álbumes familiares que evocan momentos de grata recordación, a charlas con nuestro personaje, a recuerdos de los demás hijos, y testimonios de parte de otros familiares y amigos. 

Reconstruir fielmente una vida tan llena de experiencias, vivencias, peripecias, sinsabores, momentos alegres y de grandes satisfacciones, no es tarea fácil. De antemano el autor de estas letras pide disculpas por omisiones de detalles importantes que haya pasado por alto, y de pronto por apreciaciones y juicios de valor que inconscientemente haya emitido, cuya responsabilidad recaen únicamente en él.

No es mucha la información que tenemos los hijos acerca de la primera edad del Abuelito: sabemos que sus padres fueron Rafael Palacios e Ildefonsa Sánchez, ambos oriundos de Chocontá, Cundinamarca. Se establecieron en Saucío, vereda de dicho municipio, y de ese matrimonio nacieron cuatro hijos: Pedro Alejandrino, Cruz, Felisa, y Rafael Agapito, a quien en adelante llamaremos “el Abuelito” como cariñosamente le decimos, tanto hijos como yernos, nueras, nietos y bisnietos.

El Abuelito nació el 24 de Marzo de 1919. Su primera vivienda aún se conserva, aunque reformada, y es parte del patrimonio familiar. El hogar y su modo de vida eran netamente campesinos, en un ambiente sano y de vida sencilla, de trabajo arduo y obediencia a la voluntad paterna, y de valores y principios católicos arraigados. 

En la siguiente foto tomada en 1998, se aprecia el estado actual de la casa donde nació el Abuelito, que aunque había sido vendida, él la adquirió muchos años más tarde para conservarla como un tesoro sentimental. 



En el paisaje sobresale una montaña a la cual solía subir el Abuelito de niño, con su perro, mascota fiel. Como hoy en día se observa, después de transcurridos ochenta y seis años, son pocas las viviendas alrededor, algunas de las cuales pertenecen todavía a familiares o conocidos de esa época. En la foto que sigue, tomada recientemente, se aprecia la montaña que se ve desde la casa paterna. 

Cuenta el Abuelito que Saucío fue un punto importante, por ser el cruce de varios caminos rurales que conducían a Chocontá, Tunja, y el Valle de Tenza, y era también punto acostumbrado de descanso y provisión para promeseros que iban a visitar a la Virgen del Amparo en Chinavita, Boyacá. 

Las ocupaciones de su niñez y adolescencia eran básicamente ayudar a sus padres en los menesteres hogareños y del campo, y en los mandados que se ofrecían en el pueblo cuando no era día de hacer mercado (domingo), día en que todos iban al pueblo para asistir a misa. En tales ocasiones lo que más temía era que le salieran al encuentro los perros de la hacienda que quedaba a mitad de camino. 

En el pueblo vivían otros familiares, entre ellos la tía María, hermana de su papá, y sus hijas Encarnación y Elvira. La tía María tenía un contrato con la estación del ferrocarril para surtir de empanadas, almojábanas, y otras viandas, los trenes y los pasajeros que paraban en Chocontá. Por la actividad económica que realizaban, ésta era una casa de abundancia, razón por la cual a Rafael le gustaba ir, no solo por las delicias que allí probaba, sino también por el cariño que le prodigaban su tía y sus primas que para esa época eran ya señoritas. 

Aproximadamente a finales de los años 20s se construyó el Ferrocarril del Nordeste, que atravesaba la finca paterna, y llevaba carga y pasajeros entre Suesca y Chocontá, y de allí hacia Sogamoso, y hacia Bogotá. También se conectaba con Nemocón. Tal vez el hecho de verlo pasar todos los días muy cerca de su casa, además de que era el principal medio de transporte de esa época, y el prestigio que tenían en ese entonces los ferroviarios, lo motivarían luego a tomar esta profesión. 

Durante los años 50s y comienzos de los 60s Saucío tuvo un gran florecimiento por el proyecto de los silos que construyó la Licorera de Cundinamarca para almacenar y procesar Papa, aprovechando que éste era el principal producto del municipio y los alrededores, y previniendo las grandes fluctuaciones en el precio de la papa, debidas a las variaciones climatológicas y el consiguiente resultado en las cosechas, las cuales determinaban la oferta. 

La vivienda más reciente es tal vez la construída por el Abuelito hace más de 40 años para establecer allí una cooperativa que sirviera a los intereses de la comunidad. La Cooperativa se fundó con las contribuciones y acciones de los vecinos, para suplir las necesidades de los socios y de los habitantes de la región. Esta resultó muy exitosa en sus primeros años, cuando la gerenciaba el señor Pablo Torres, quien fue uno de sus gestores, y quien también vivía en la región. Desafortunadamente la cooperativa se acabó. 

El Abuelito solía contarle a los hijos mayores acerca de su primer empleo en el Ferrocarril, el cual era de un arduo trabajo como fogonero, pero que él realizaba a conciencia y con gusto, lo cual le sirvió para ganarse la confianza y el respeto de sus compañeros y jefes, hasta permitirle ejercer prácticamente al puesto de maquinista. Esta experiencia también le sirvió como escuela de mecánica, de organización, y de responsabilidad. 



Esta foto tomada muchos años después de haber trabajado en el ferrocarril, muestra al Abuelito al pie de una máquina, al llegar a Nemocón en un paseo familiar, con Mamá, Gloria Esther, Esperanza, Daniel, Sandra, Gloria Stella, y Angela. 

Tuvo allí grandes amigos, que mantuvo durante muchos años después de retirarse de la empresa: Carlos Navarro, José Querubín Malagón, y Aragón. Con ellos compartió además de sus duras faenas, también piquetes y tomatas interminables, que luego daban para recordar chistosas anécdotas.

Por los azares del destino, el Abuelito fue asignado al campamento de Suesca, en la vereda de Cacicazgo, al pie de las famosas Rocas de Suesca. Alli muy cerca vivía la familia Cortés Guáqueta, compuesta por nueve hermanos: Marcelino, María Ascensión, Procesa, Dolores, Helena, Abelardo, Nieves, Benedicta, e Hipólito. Benedicta y Abelardo vivían con su madre, Juanita Guáqueta, viuda de Apolinar Cortés, en una casa al pie de la loma que conduce luego a la cima de las Rocas de Suesca. Estando Abelardo trabajando en las minas de carbón, se le ocurrió la idea de “ponerle la trampa al centavo” instalando una tienda en una casa que había construido sobre la carretera que comunica con el centro del municipio, al pie del puente sobre el río Bogotá.

Este era un paso obligado para quienes iban o venían del poblado, a pie o en carro, así como también para quienes viajaban en tren y hacían un pare en la estación del municipio. Cerca había también varias casas donde vivían algunos de los hijos casados, con sus respectivas familias: Además esta actividad representaría un ingreso adicional para el hogar, pues la actividad principal de Juana había sido la agricultura, con la cual pudo sostener a sus nueve hijos. Para esa época los hijos mayores ya habían dejado la casa, y Abelardo era la cabeza del hogar; él derivaba sus ingresos trabajando en las minas de carbón.de Silesia, vereda de Suesca. 

Benedicta era quien atendía en la tienda, apoyada por su sobrina Inés, hija de Marcelino, quien vivía con ellos. Vendían allí comestibles, así como también cerveza, la cual era artículo de primera necesidad para quienes trabajaban en el ferrocarril. Fue allí donde se conocieron Rafael Agapito y Benedicta. Esto fue a mediados de 1945. Inicialmente Benedicta pensó que las frecuentes visitas del Abuelito a la tienda se debían a un interés de él por Inés, pues ella consideraba que ya se quedaría soltera (tenía 30 años), y por esa razón se interesaba más en los asuntos de la Iglesia. Allí Benedicta colaboraba con un grupo de señoras y amigas en los arreglos del templo, y en la preparación de los eventos religiosos de la Parroquia. 

Después de un noviazgo de nueve meses, se casaron Rafael Agapito y Benedicta en la Parroquia de Suesca, el 27 de Abril de 1946. Fueron sus padrinos Eliécer Bueno y su esposa. Fueron a Luna de Miel a Buenaventura, aprovechando que el tren iba hasta allá y no les costaban los pasajes. Al regresar se instalaron en la casa de El Puente, donde también funcionaba la tienda. Rafael siguió trabajando en el ferrocarril, y Benedicta encargada de la casa, del cuidado de su madre, y de la tienda. 

En esa época Benedicta se proponía recuperar una herencia que le había dejado el abuelo materno cuando ella estaba recién nacida, pero que por necesidad e ignorancia, habían vendido sus padres a unos empresarios antioqueños ya curtidos en el negocio de las minas de carbón. Su hermano Abelardo le aconsejó y apoyó para que pusieran un abogado y reclamaran dicha herencia mediante litigio. Nos contaba Mamá que cuando su abuelo estaba ya moribundo, y ella aún siendo una bebita, quería heredarle la finca a ella, pero la mamá de su prima Ana Vicenta, queriendo confundir decía “si oyen que es para Anita...”, pero el consciente aún rectificaba, “nó, para Benedicta”. 

Al año siguiente empezaron a llegar los hijos a esta pareja. Primero fue un niño, el 5 de Marzo de 1947, a quien pusieron por nombre Luis Felipe en honor al abogado que defendía la reclamación de la herencia de Mamá, el Dr. Luis Felipe Latorre. Aunque en aquella época se acostumbraba poner el nombre del padre al primer hijo varón, Benedicta tenía el temor de que de pronto se moría, pues también existía ese agüero. 
Al año siguiente Benedicta estaba esperando su segundo hijo, cuando se presentó un acontecimiento que repercutió enormemente en la vida nacional: el asesinato del candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de Abril de 1948. Rafael estaba trabajando ese día como de costumbre en el ferrocarril, pero la revolución que se armó como consecuencia de dicho asesinato sacudió a todo el país, y produjo enfrentamientos entre el Ejército, y la Policía. Afortunadamente el Ejército tomó control de las vías férreas y protegió al personal ferroviario, lo cual salvó la vida del Abuelito, ya que se venían presentando tiroteos indiscriminados por parte de fuerzas revolucionarias. 

El segundo hijo también fue un niño, quien nació el 5 de Octubre de 1948, y se le puso el nombre del padre, Rafael (autor de la presente crónica), pues ya el agüero no aplicaba. Cuando el Abuelito fue a pedir permiso en el Ferrocarril para atender a Benedicta, se lo negaron, aduciendo que eso era asunto de mujeres. Cuando llegó a casa el Abuelito esa noche del trabajo, ya el niño había nacido, y al verlo morenito dijo que parecía un cucarroncito, como decía Patarroyo (un conductor de la Mina), acerca de sus hijos. Por ésto le llamaban también “Cuco”.

En esta misma casa de El Puente, nació la primera hija un año después, a quien se llamó María Benedicta. De ella no tenemos mayores recuerdos, pues murió muy pequeñita (menos de dos años), y no quedaron sino unas pocos fotos en las que ella aparece. Era bien bonita, y de ojos grandes. Su muerte se debió a una acidosis, según decía Mamá cuando le preguntábamos, pero los pormenores de su enfermedad no los recuerda el autor, pues estaba muy pequeño. 

Como se mencionó en el numeral anterior, cerca de la casa de “El Puente” donde vivían Rafael y Benedicta, vivían otras tías y primos. Tal vez con la que más se tenía relación en esa época, era con la tía Lola, quien acostumbraba prepararnos piquetes con papas chiquiticas, en una olla también chiquita. Así le daba gusto a Felipe su sobrino preferido, a quien llamaba “Luicito”. La tía Lola vivía en una casa cercana con su esposo, Alfonso Castro, quien vino de Marmato, Antioquia, en el apogeo que tuvieron las minas de carbón en Suesca. Sus hijos fueron: Guillermo, Carlos, Jorge, Anunciación, Rosalba, Raúl, e Ignacio. 

La tía María Ascención (“Maruja”) también vivía cerca, con sus hijos: Ricardo, Carmen (“Melita”), Aristides (“Tilito”), y Fanny. Ella había quedado viuda varios años atrás, y había trabajado en una hacienda cercana. Su esposo se llamaba Aristides Mestizo. La tía Helena también vivía allí con su esposo Teófilo, oriundo de Pasto, quien murió accidentalmente en una vertical de las minas años mas tarde. Sus hijos fueron: Teófilo, Julio, Yolanda, María Helena, Clara, Luz, y Enriqueta. Y la Tía Nieves también vivía en esa área, con su esposo José Sosa, y sus hijos Marina, Héctor (“Chato”), Ligia, Jaime, Miguel, y Consuelo. 

El tío Marcelino (“Marcito”) vivía también allí, en una pieza de la casa de su hermana María. Además de Inesita, tenía otro hijo, llamado Carlos, pero él vivía con su mamá. No tuvimos mayor interacción con la madre de Carlos, más si con él. Lamentablemente fue asesinado en un bus, siendo aún muy joven, por un pasajero ofuscado porque se había dormido y cabeceaba sobre él. El tío Marcito acostumbraba madrugar, e ir a rezarle a la Virgen en su monumento de las Rocas de Suesca, y al pasar por junto a la ventana de la habitación de la tía Lola, le golpeaba diciendo “ta tarde Lolita”, y ella se levantaba a prepararle el desayuno. Pero algún día le falló el reloj biológico al tío, y se levantó a las 2 de la madrugada, y la tía Lola cuando se dió cuenta de la hora lo regañó, y lo mandó a acostarse diciéndole que dejara dormir. 

La tía Procesa le seguía en edad a la tía Maruja, y no tuvo mucha interacción con nosotros, pues inicialmente vivía en Chía, donde su esposo, el “Mono” Montañez, tenía un chircal, pero luego se trasladaron a Bogotá, cerca de la Calle 68 con Carrera 50. Allí iba su hermana Benedicta a visitarla, y algunas veces nos llevó. Cuando la tía enfermó de diabetes, las visitas fueron mas frecuentes, hasta el momento en que falleció. El apodo de su esposo era muy obvio por ser muy rubio y de ojos azules. Tuvieron seis hijos: Mercedes, Stella, Cecilia, Esteban, Gustavo, y “Pacho”.

El tío Hipólito (“Polo”) era el menor de los hermanos Cortés, y por consiguiente muy cercano en edad a la de sus sobrinos mayores. Tenía un temperamento alegre. Le gustaba ir a las fiestas de los pueblos, y tenía muy buena suerte en el juego. Son innumerables las anécdotas que hay acerca de él, especialmente de parte de sus sobrinos compañeros de andanzas. El tenía su casa también cerca de la de Abelardo, donde vivía con su esposa Leonor, y sus hijos mayores: Eduardo, Myriam, y Martha. Años mas tarde, viviendo ya en Bogotá, tuvo otra hija con Leonor que se llamó Cristina. No obstante su buena fortuna en el juego, no fue así en el amor, pues su matrimonio tuvo muchos altibajos, y sus hijos padecieron la separación temprana de sus padres, que terminó con la trágica desaparición del tío Polo a la edad de 40 años. 

Desde mediados de los años 40s el tío Abelardo era ya empresario de éxito, y tenía sus propias minas de carbón (“Carboneras ABC”). Como económicamente le estaba yendo bién, compró dos lotes en Bogotá, en la calle 57 con carrera 8a, y comenzó a construir una casa en uno de ellos. Luego animó a Rafael y Benedicta a irse a vivir a esta ciudad, primero a una casa en arrendamiento, en la calle 68 con carrera 20. De allí no se conserva recuerdo alguno, ni siquiera del sitio exacto, y no se sabe si aún existe o no la casa. Además fue muy corta la estadía en ella; según parece, algo así como seis meses. En el segundo lote construiría años después un edificio de apartamentos. 

Hacia el año 1950 el Abuelito se retiró de los Ferrocarriles, y se dedicó a ayudarle al tío Abelardo, principalmente manejándole su automóvil Oldsmobile verde. En esa época ya estaba para finalizar el litigio que habían iniciado años atrás para recuperar los terrenos que había heredado Benedicta, donde estaban localizadas las minas de carbón. Abelardo estaba terminando la casa que estaba construyendo en la calle 57. La casa era bastante grande y cómoda. Tenía dos pisos y manzarda (donde nos escondíamos); amplio garaje, donde inicialmente funcionó depósito de carbón, pues en esa época se cocinaba en la mayoría de las residencias, en estufas de carbón, y por lo tanto el carbón tenía mucha demanda. 

Monday, March 23, 2020

Pietro Cantini vivió 49 años en Colombia y falleció en Suesca

El legendario Pietro Cantini nació en la ciudad de Florencia (Italia), en febrero 20 de 1847; hijo de Michele Cantini y Elisabetta Loi, fue el menor de 13 hermanos y fue bautizado con el nombre de Pietro Doménico Antonio Francesco Cantini. A los 20 años realizó sus estudios de ingeniería en el Colegio Militar y posteriormente se especializó en arquitectura en la Escuela de Bellas Artes de Florencia, en donde también fue profesor.
En 1879 su compañero Césare Fortini le informó que en Colombia (entonces Estados Unidos de Colombia) se estaba requiriendo un arquitecto para la construcción del Palacio de Gobierno. Entonces viajó a París en donde firmó un contrato para este efecto, con el Vice-Cónsul colombiano Rafael García por 5 años a partir del 2 de noviembre de 1880.
A su llegada a Bogotá, el presidente Rafael Núñez ratificó su contrato. Desde entonces, los Estados Unidos de Colombia fueron su país de residencia, conservando su nacionalidad de origen. Allí conoció a la italiana Pía Sighinolfi, hija del escultor Césare Sighinolfi, con quien contrajo matrimonio en la Iglesia de las Nieves de Bogotá en 1883 y con quien tuvo dos hijos. También fue profesor de arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, y fundó una escuela de arquitectos en octubre de 1886 que se integró años más tarde a la Escuela de Bellas Artes de la ciudad.


El Capitolio Nacional se había comenzado a construir el 20 de julio de 1848 bajo el gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera; el diseño inicial fue del arquitecto danés Thomas Reed. Las continuas guerras civiles obligaron a suspender las obras durante mucho tiempo. A su llegada a Colombia, Cantini retomó su construcción después de varios años de estar suspendida, pero en el análisis de la primera etapa decidió reformar el frontis del edificio. Ante este cambio en el proyecto, el escritor Rafael Pombo publicó unas críticas en los diarios nacionales, por lo cual Cantini presentó dos contrapropuestas, las cuales fueron consultadas ante la Academia de Bellas Artes de San Lucas en Roma, inclinándose por una de las propuestas de Cantini.
Las obras se desarrollaron normalmente hasta 1885, cuando tuvo lugar una guerra civil que limitó el presupuesto hasta el punto de que los trabajos de construcción fueron suspendidos. Pietro Cantini se dedicó entonces a la construcción del Teatro Nacional, y cuando se reanudaron los trabajos del Capitolio en 1891 se designó a Antonio Clopatofsky para dirigirlos, quien se basó en los planos de Cantini para continuar la obra, seguido años después por el francés Gastón Lelarge. No obstante, más adelante los trabajos fueron nuevamente interrumpidos, y sólo hasta el 7 de agosto de 1926 se inauguró el Capitolio, 78 años después de su iniciación.


Respecto a la construcción del Teatro Nacional, el Presidente de la República le confió a Cantini dicha obra, en el sitio donde antiguamente estaba el Teatro Maldonado, para lo cual expidió el decreto 601 el 14 de septiembre de 1885. El diseño elaborado por Cantini contemplaba la expropiación de algunos terrenos aledaños, ya que se requería un área de 2.400 m². La primera piedra se puso el 5 de octubre de 1885 y como inspector general Cantini nombró a Eugenio Moreno, quien se hizo cargo de las obras durante el viaje que realizó Cantini a Italia con el propósito de traer el telón de la boca del teatro y arreglar algunos asuntos familiares, en 1888. 

Aunque en marzo de 1889 terminaba el contrato firmado con el gobierno, Cantini trabajó gratuitamente hasta 1891, cuando firmó un nuevo contrato. El Teatro se inauguró el 12 de octubre de 1892 como parte de las celebraciones del IV centenario del primer desembarco de Cristóbal Colón, por lo cual se le cambió el nombre por el de de Cristóbal Colón. Las obras de ornamentación continuaron sin embargo hasta el 26 de octubre de 1895, cuando se estrenó oficialmente el Teatro con la ópera Ernani de Giuseppe Verdi. Cantini no fue invitado y solo treinta años más tarde se le realizó un homenaje en el teatro, en el cual el Teatro Colón fue declarado Monumento Nacional. 

Posteriormente, Pietro Cantini se encargó de diseñar el templete para festejar el centenario del nacimiento de Simón Bolívar el 24 de julio de 1883, mediante la construcción del Parque Centenario, ubicado en el sector de San Diego. En este templete fue colocada una estatua del Libertador, pero cuando se construyó la actual Avenida El Dorado, el templete se trasladó al Parque de los Periodistas en la Avenida Jiménez, donde actualmente reposa. 


Otras obras realizadas por Cantini en Bogotá fueron: la remodelación del edificio de la Biblioteca Nacional en 1881; el diseño de algunas calles de la ciudad en 1883; la cúpula de la Iglesia de Santo Domingo en 1888; el primer circo de toros de la ciudad en 1890; la capilla de Santa Isabel en la Catedral Primada en 1890. También Cantini dirigió la construcción del Hospital San José, a partir del 14 de Agosto de 1904 en un terreno de Los Mártires donado por el general Juan Valderrama a la Sociedad de Cirugía de Bogotá. En esta obra, Pietro Cantini trabajó en forma gratuita elaborando los planos y dirigiendo su construcción, basado en el hospital Policlínico Universitario de Roma. Fue el segundo hospital de la ciudad después del San Juan de Dios, y se inauguró el 8 de febrero de 1925.


Fuera de Bogotá construyó el Palacio Municipal de Suesca y el Hospital de Nemocón. El arquitecto Pietro Cantini fue un italiano que dejó una huella imborrable en Colombia, como puede observarse por las excelentes obras que realizó, y porque por donde vivía o pasaba no dejaba de aportar algo. En Suesca, por ejemplo, regaló los planos y los diseños de lo que fueron la iglesia y el palacio municipal. 


El Teatro Colón es, quizá, su máxima expresión y un legado que día a día adquiere más relevancia en la historia nacional si se tiene en cuenta lo que significaba hacer una obra pública en la época en que vivió: los fondos se acabaron en varias oportunidades y su construcción se demoró 79 años.

Por otra parte, el hospital San José es un legado en el que hoy trabaja uno de sus bisnietos: Jorge Ernesto Cantini, jefe de cirugía plástica, un brillante cirujano reconstructivo que ayuda en muchas obras sociales, pero que además es historiador e inquieto investigador de varias áreas, principalmente científicas e históricas.

Después de haber vivido 49 años en Colombia, Pietro Cantini falleció en Suesca el 22 de enero de 1929, a la edad de 82 años; sus restos reposan en el cementerio de Suesca, donde se puede apreciar el mausoleo familiar diseñado por él mismo.


Fuentes: 
·      Wikipedia, Pietro Cantini
·      El Tiempo, El Legado de Pietro, Julio 22 de 2000.

Post Data: 
El mismo día de su publicación recibí el siguiente comentario a este post, de parte de Rubén Darío Valbuena Valbuena:
Siempre he sido admirador y seguidor de la invaluable obra del Maestro Cantini en Colombia y de manera especial su relación con Suesca donde su familia tuvo la Finca El Potrero. Mi gran admiración también para Ernesto Cantini Valbuena ( Q.E.P.D.), padre del Doctor Jorge Ernesto Cantini, quien durante su vida siempre visitaba Suesca, especialmente a sus familiares directos en la Vereda Palmira.





Friday, March 20, 2020

Hacienda en Suesca usada para procesar coca

Desafortunadamente hoy debo transmitir una voz de alerta, con la noticia de que las mafias están aprovechando la tranquilidad de municipios cercanos a Bogotá como Guasca y Suesca, para instalar solapadamente bases para el narcotráfico. Esta ilusoria bonanza trae después sus consecuencias negativas de corrupción a las autoridades y a la política, así como también la vinculación de mano de obra que después puede verse enfrentada a procesos judiciales.

Transcribo a continuación apartes de El Tiempo del día de ayer:



“En un predio de 103.000 metros cuadrados, ubicado en el sector El Balcón, en Suesca, Cundinamarca, la Dijín de la Policía desmanteló un narcolaboratorio que nutría a al menos 53 pequeños carteles del narcotráfico en Colombia y en Europa”.

“Aunque el operativo se manejaba bajo reserva, EL TIEMPO estableció que oficiales de inteligencia de la Dijín le seguían la pista desde hace meses, y sabían que de allí salía la coca que luego era movida hasta Francia: al menos 3 toneladas al mes.
 Según el expediente, la hacienda desarrollaba actividades agropecuarias con el fin de no llamar la atención de vecinos o autoridades”.

“Y fuentes judiciales agregaron que el dueño del complejo es un mafioso conocido con los alias de Hugo y el Viejo, al que la Policía le sigue la pista. Y señalaron que en el operativo fue capturado el exsoldado profesional Fabio Humberto Gonzáles González, conocido como ‘Fabio’ e integrante de la organización, quien al parecer fungía como coordinador del envío de la coca y jefe de seguridad del laboratorio”.

No está de más recomendar a la población de Suesca el mantener los ojos abiertos a este tipo de patrañas, y colaborar con la Policía Nacional ante cualquier movimiento oculto de estas mafias en nuestro territorio.


Sunday, August 25, 2019

A Suesca Linda - canción

A continuación transcribo la letra de la canción que compuse en honor al municipio que me vio nacer: SUESCA

Orgullo sentimos los aquí nacidos,
rodeados de tierras fértiles y productivas,
en un ambiente saludable y gratificante, 
acompañados de historia, amigos y familia.

Los muiscas fueron tus primeros pobladores,
de quienes heredamos sus genes, tierras y valores;
y no obstante haber sido abatidos por los conquistadores,
aún llevamos su honra, su orgullo y su dignidad.

Luego vinieron nuevos pobladores, muchos aventureros,
algunos sembraron, muchos exploraron, otros construyeron,
y no obstante todos cosecharon, explotaron o utilizaron,
aún sigues incólume recibiendo nuevos huéspedes…

Eres muy rica en atractivos para todos los gustos y aficiones,
bien sean montañas, cuevas, pastizales, ríos o quebradas,
que atraen a los visitantes, y disfrutan habitantes o turistas,
confirmando tu hospitalidad, tu belleza y tu riqueza…

Somos ahora nosotros quienes nacimos, vivimos o visitamos,
a quienes nos corresponde aportarte algo en retorno,
para que así continúes con tus brazos abiertos,
acogiendo y beneficiando a quienes te buscan y desean.


La música de la canción fue compuesta e interpretada al violín, por mi nieto Alan Rafael Hickerson Palacios, quien ha desarrollado cariño por mi ciudad natal.

En el siguiente enlace se puede acceder a un video en YouTube, donde podrá ver la letra y escuchar la melodía, acompañada de imágenes de nuestro municipio.