Thursday, July 31, 2014

Los Señores Cortés

El siguiente es el texto del cuento que resultó ganador en la categoría 4 del Concurso de Narrativa Histórica de Suesca el pasado mes de Junio del presente año, titulado:

“Los Señores Cortés”

Una inquietud permanente en mi vida ha sido la de conocer las raíces de donde provengo. Buscando por internet la genealogía del apellido Cortés, encontré que éste proviene de la provincia de Aragón en España, desde donde se extendió a las colonias hispanas durante la conquista de América, siendo uno de sus más distinguidos exponentes Hernán Cortés, quien vino a América en 1504 impulsado por un gran fervor religioso, y conquistó México para la corona Española al someter al imperio azteca hacia 1520.

Otros conquistadores del mismo apellido vinieron y se radicaron en Colombia, por lo que es fácil encontrar personas con este apellido en diferentes departamentos y poblaciones del país, así no se relacionen directamente. Por ejemplo, en Suesca encontramos hoy en día no solo a los descendientes de mi familia, sino también a la familia  de Luis Felipe Cortés, quien organizó y dirigió por varios años el Club de Leones de Suesca y promovió la cultura en este municipio.

Ahora me referiré principalmente a cuatro miembros de la familia Cortés-Guáqueta de la cual provengo, quienes vivieron entre 1870 y 1970, principalmente en Suesca, en la vereda de Cacicazgo, quienes fueron conocidos en Suesca como “los señores Cortés”. La cabeza de dicha familia se llamaba Apolinar Cortés Jiménez, quien nació muy probablemente en Suesca. Sé que tuvo varios hermanos, aunque no llegué a conocerlos: Francisco, Eleuterio, Gregorio, Otoniel, y Paulina. Por mis primos mayores supe que  Apolinar en su juventud trabajó como cochero de Carlos Holguín Mallarino, en la hacienda que poseía en Suesca. Indagando por internet encontré que Carlos Holguín Mallarino fué Presidente de la República de Colombia entre 1888 y 1892.

Aunque no me ha sido posible aún validar en la partida de nacimiento o de matrimonio, por mi madre sé que mi abuelo Apolinar se casó con mi abuela Juana Guáqueta hacia 1900, cuando él tenía aproximadamente 30 años y ella apenas contaba 13 años. El padre de Juana, Felipe Guáqueta, poseía varias fincas en Suesca, y al morir dejó terrenos en la vereda de Cacicazgo a su hija Juana. De dicho matrimonio nacieron tres hijos varones (Marcelino. Abelardo, e Hipólito), y seis mujeres (María, Dolores, Procesa, Helena, Nieves y Benedicta). En esta narración me referiré principalmente a los varones de la familia,

Por haber nacido después de su fallecimiento en 1944, no conocí personalmente a mi abuelo  Apolinar. En una foto de él, que aún conserva mi hermano Felipe, se ven unos rasgos de origen español y un porte distinguido. Por transmisión oral de los familiares que alcanzaron a conocerlo, me llegó una descripción no muy ejemplar, pues al parecer despilfarraba los ingresos que recibía de su trabajo, y en otras épocas no trabajaba aduciendo enfermedad, a pesar de haber muchas necesidades en el hogar. Por esto le correspondió a mi abuela Juana asumir el sostenimiento del hogar y la crianza de los hijos. Además ella sembraba y cosechaba en un terreno ubicado cerca de La Silesia en Suesca que había pertenecido a sus padres.

Marcelino fué el primer hijo de la familia Cortés-Guáqueta, quien desde joven se fue de la casa. Tuvo una compañera, llamada Eva Alvarez, natural de Chocontá, con quien tuvo una hija a quien le dieron el nombre de Inés Cortés. Eva falleció al poco tiempo de haber dado a luz, y Marcelino le entregó la bebé a mi abuela. Posteriormente se fue a trabajar a un depósito de carbón en Bogotá, donde tuvo otra compañera que al parecer era pariente, pues se llamaba Juana Cortés, y con ella tuvo un hijo a quien se llamó Carlos. Después de haber vivido por varios años en Bogotá, Marcelino regresó a Suesca y trabajó con su hermano Abelardo, hospedándose en la casa de su hermana María, en Cacicazgo.

Las cinco hermanas mayores también dejaron el hogar en la medida en que se fueron casando, aunque se establecieron muy cerca de la casa paterna. Después de seis hijas mujeres, en 1917 nació el segundo hijo varón a quien se le llamó Abelardo. No obstante ser uno de los hijos menores, ayudó a su madre en la lucha contra la pobreza, comenzando a trabajar en las minas de carbón en Suesca desde cuando era un niño.  A la edad de 20 años Abelardo ya había ahorrado suficiente para construir una casa sobre la carretera que conduce al pueblo, antes del puente sobre el río Bogotá, a donde se trasladó hacia 1942, junto con su madre, su hermana Benedicta y su sobrina Inés. Allí Benedicta (mi madre), ayudada por su sobrina Inés, instaló una tienda donde se vendían víveres, comestibles y cerveza, siguiendo la sugerencia de su hermano Abelardo de “ponerle la trampa al centavo”.

Unos años mas tarde Abelardo trabajaba en las minas de San Vicente, donde se distinguió por sus dotes de liderazgo, por lo cual lo nombraran presidente del sindicato. Hacia 1940 un acontecimiento casual llevó a Jorge Eliécer Gaitán a visitar Suesca. Años atrás él había fundado un movimiento politico llamado Unión Izquierdista, vinculando a los sindicatos, la clase obrera, y en general a los desposeídos. Por supuesto él buscaba adeptos a su causa política, al ponerse en contacto con el sindicato de la más poderosa mina de carbón de ese entonces, la de San Vicente. En su calidad de presidente del sindicato, Abelardo organizó una recepción al líder político en Suesca, en la cual quien dirigió las palabras de bienvenida fue mi madre.

Como consecuencia de su papel de líder sindical, varios empresarios del carbón le tomaron desconfianza a Abelardo por la amenaza que él representaba si sus obreros se sindicalizaban y reclamaban sus prestaciones legales. Además se ganó la antipatía de algunos de sus compañeros, lo cual lo llevó a cambiar de empleo. Afortunadamente hizo contacto con don Alfonso Bueno Medina, un paisano suyo a quien conocía desde años atrás, quien le propuso que fuera su capataz en las minas de carbón que tenía en Cacicazgo. Abelardo aceptó y se desempeñó en ese puesto por seis años, durante los cuales desarrolló habilidades administrativas y directivas.

Con esa experiencia, Abelardo adquirió también un mayor conocimiento del negocio del carbón, en una época en que no se había extendido aún el uso del gas en las estufas y se cocinaba con carbón, por lo cual había alta demanda por este mineral. Decidió entonces iniciarse como empresario, comprando con sus ahorros un lote de terreno que comenzó a explorar en busca de yacimientos de carbón, y después de invertirle trabajo y dinero por varios meses logró encontrar la veta del mineral. De ahí en adelante cambió por completo el nivel de vida de Abelardo y la familia, ya que el beneficio se extendió a varios de sus miembros. Es así como con los ingresos que le produjo la venta del carbón en el primer año pudo adquirir otra casa en el centro de Suesca, muy cerca del parque principal.

Luego, como fruto de un esfuerzo continuado durante varios años, mi tío Abelardo fue incrementando su patrimonio, comprando dos lotes en Bogotá, construyendo en el primero de ellos una casa de dos pisos con manzarda donde residió por muchos años, y en el segundo construyó un edificio de cinco pisos, con doce apartamentos para arrendar. Más adelante compró otras minas que extendieron su propiedad a mas de 60 fanegadas, todas ellas con explotación carbonífera, y ubicadas en Suesca. Sus ingresos fueron creciendo proporcionalmente, mas así también los problemas, pleitos, gastos y atenciones con abogados, ingenieros, autoridades locales y jurisdiccionales. Gracias a su esfuerzo y talentos, lideró la industria del carbón en el Municipio, fué la cabeza de la familia Cortés-Guáqueta, y acumuló fortuna como empresario y constructor.

El tío Abelardo tuvo varios hijos antes de casarse: Clara Beatriz con Gregoria Otálora, natural de Chocontá; Estela, y Abelardo-1 con Tránsito Cortés de Suesca, y Abelardo-2, Carlos, Amparo y Virginia con Alicia Sanabria de Bogotá. Después de vivir muchos años como soltero, a la edad de 40 años se casó con Graciela Sánchez, natural de Pesca, Boyacá, con quien tuvo tres hijos: Mabel Juana, Abel Iván, y Javier.

Continuando la historia de Marcelino el mayor de mis tíos, cabe mencionar una anécdota familiar que me contó mi padre: en alguna ocasión Abelardo fué a visitar a su hermano Marcelino a un depósito de carbón en Bogotá donde trabajaba, y al verlo en malas condiciones le compró un vestido nuevo y le propuso que se fuera con él a colaborarle en las minas de carbón que tenía en Suesca. El papel que le asignó consistía un controlar los viajes de carbón que salían de la mina en los camiones, y quién los cargaba, pues de ahí se derivaban los ingresos de la empresa minera. Este episodio juntó inseparablemente hasta su muerte a Marcelino con su hermano Abelardo.

Durante la semana laboral el tío Marcelino vivía en la casa de mi tía María en Cacicazgo, y en los fines de semana acostumbraba visitar a mi abuela Juana, quien vivía en la casa del tío Abelardo en Bogotá. Por razones de su ocupación, Marcelino madrugaba mucho, y antes de desayunar e ir a su trabajo en las minas de Abelardo, iba a rezarle a la Virgen en las Rocas de Suesca. De paso hacia las Rocas despertaba a su hermana Dolores golpeando en la ventana y diciéndole “está tarde Lolita”. Ella le preparaba su desayuno mientras él regresaba, pero alguna vez, le falló el reloj biológico, y se levantó a las 2 de la mañana. Cuando mi tía Dolores se dió cuenta de la hora en que la despertó, lo regañó y lo mandó a acostarse diciéndole que dejara dormir.

Hipólito fué el menor de los hermanos Cortés-Guáqueta, y por consiguiente muy cercano en edad a sus sobrinos mayores. Tenía un temperamento jovial y acostumbraba ir a las ferias y fiestas de los pueblos de la región, ya que le gustaba apostar en el juego y en las peleas de gallos. Son muchas las anécdotas que se recuerdan acerca de él, especialmente de las travesuras que hacía en compañía de sus sobrinos que vivían cerca, las cuales no son del caso narrar. El también trabajó desde niño en las minas de carbón, y a la edad de 25 años construyó una casa en terrenos de su madre en Cacicazgo, y luego se casó con Leonor Alfonso. Con ella vivió allí y tuvieron  sus primeros hijos: Eduardo, Myriam y Martha.
Siguiendo el ejemplo de su hermano Abelardo, Hipólito inició una mina de carbón en Estancia Grande, cerca a los límites de Suesca con Sesquilé, la cual resultó muy productiva. Por esto mi tío “Polo” la llamó “El Chiripazo”, ya que la veta de carbón estaba muy cerca de la superficie y era bastante alta, permitiendo a los picadores trabajar desde parados. Esta mina tenía además la ventaja de que quedaba lindando con la carretera, facilitándose la venta y transporte del mineral. Contando con buenos ingresos, Hipólito siguió el ejemplo de mi tío Abelardo, construyendo una casa en Bogotá, a donde se trasladó con su esposa y sus hijos. Allí tuvieron otra hija, a quien se le dió el nombre de Cristina.

No obstante la buena fortuna de Hipólito en el juego y en los negocios, no fue así en el amor, pues su matrimonio tuvo muchos tropiezos, y sus hijos padecieron la separación de sus padres cuando ellos eran niños. En la última etapa de su vida el tío Polo, como cariñosamente le llamábamos, luego de separarse de su esposa vivió con Elvia Osorio, con quien tuvo un hijo a quien se llamó César Hipólito Cortés. Infortunadamente el tío Polo falleció a la edad de 44 años, cuando el último de sus hijos tenía unos cuatro años.

Una anécdota familiar que recuerdo acerca de la jovialidad de mi tío Polo se presentó en la época en que él iba con frecuencia a nuestra casa de mis padres (Benedicta y Rafael), en razón de que ellos eran los acudientes de sus hijos cuando estudiaban en Bogotá y estaban afrontando la separación de sus padres. En alguna ocasión su visita coincidió con el momento en que rezábamos la Novena de Aguinaldos, y como él era siempre jocoso, ponía la nota de humor en las reunions.  Al cantar el villancico “Vamos Pastores Vamos”, el tío Polo en lugar de decir “vamos a Belén, a ver a la Virgen y al Niño también” él dijo: “a ver a Benedicta y a Rafico también”, haciéndonos reír a todos los que estábamos presentes.

Al culminar este relato, me pongo a reflexionar sobre el sentido y la trascendencia que pudo tener el término que escuchaba de niño “los señores Cortés” cuando la gente se refería en forma deferente a mis tíos Abelardo, Marcelino e Hipólito Cortés. Para mí esta frase significaba respeto, admiración y adherencia a los valores que ellos representaban. En Abelardo, la valentía, el liderazgo y la persistencia en la realización de sus sueños. En Marcelino, la paciencia, el espíritu de servicio y el gusto por la vida. En Hipólito, la jovialidad, la tolerancia y el manejo del azar. Pero en mi concepto los valores más sobresalientes son la abnegación, el sacrificio, y la lucha por la vida que les transmitió mi abuela Juana Guáqueta a sus hijos, “Los señores Cortés”. Considero que esta historia puede ser ejemplo para las nuevas generaciones de Suescanos al transmitir los valores de quienes los han antecedido.


Rafael Palacios Cortés
Mayo 19 de 2014



Friday, February 15, 2013

Benedicta Cortés nació hoy hace 98 años

Benedicta Cortés Guáqueta nació el 15 de Febrero de 1915 (hoy hace 98 años), se casó con Rafael Agapito Palacios Sánchez, y tuvo siete hijos: Luis Felipe, Rafael, Maria Benedicta, Maria Olga, Gloria Ester, Amparo y Esperanza Palacios Cortés.

1.      Hogar de origen

Sus padres fueron: Apolinar Cortés y Juana Guáqueta. Ellos se casaron aproximadamente en 1900, cuando el ya era mayor de 35 años y ella apenas contaba 13 años, y tuvieron nueve hijos, tres varones: Marcelino (“don Marcito”), Abelardo, e Hipólito (“ don Polo”); y seis mujeres: Dolores (“Lola”), María Ascensión (“Maruja”), Procesa (“Prola”), Helena, Nieves, y Benedicta.

En el artículo “Familia Cortés Guáqueta” publicado el 14 de Junio de 2011 en este blog se narra el desarrollo de su hogar de origen. En el articulo “Abelardo Cortés – Personaje de Suesca”, publicado el 9 de Septiembre de 2011 en este blog se narra el origen, niñez y juventud tanto de su hermano Abelardo, como de Benedicta. En la siguiente foto aparece una foto de Benedicta recién casada

Benedicta nació en la primera vivienda que tuvieron sus padres Apolinar y Juana, la cual estaba situada cerca de las minas de La Silesia, en un lugar que se le denominaba “La Laguna” en razón de que se empantanaba cuando llovía. Allí sembraban y cosechaban principalmente trigo y cebada. Después de varios años la familia se trasladó a la casa de “Las Rocas”, en el inicio del ascenso hacia la colina que domina las legendarias Rocas de Suesca

Cuando Benedicta estaba recién nacida, su abuelo (Felipe Guáqueta) moribundo pidió que le trajeran al notario a casa para escriturar una de sus propiedades a su nueva nieta. Estando alli Juana y su hermana Estanislada Guáqueta le dijo al notario que dejaba una de sus fincas a su nieta Benedicta. Esta propiedad hoy en día es propiedad del Dr. Luis Felipe Palacios Cortés, su hijo mayor, quien actualmente presta sus servicios al Hospital de Suesca en su calidad de Médico Cirujano.

2.      Matrimonio

Después de un noviazgo de nueve meses, Benedicta se casó con Rafael Agapito en la Parroquia de Suesca, el sábado 27 de Abril de 1946 a las 5 de la mañana. Fueron sus padrinos Eliécer Bueno (quien era soltero) y su hermana Emma Bueno, quien a la vez hacía parte del grupo de damas de la Iglesia, al que pertenecía Benedicta. A continuación se muestra la foto de su matrimonio.


Según contaba su esposo, el día anterior a su matrimonio se reunió mucha gente en la casa de Abelardo para despedirlos de solteros, y entregarles los regalos de bodas. Al día siguiente se celebró la boda muy temprano (5 a.m.), pues Benedicta quería que nadie la viera; sin embargo hubo muchos curiosos en la ceremonia, y después salieron en tren para Bogotá.

Después de su viaje de Luna de Miel a Girardot, se instalaron en la casa de El Puente (ver artículo “Recuerdos Familiares” publicado el 1 de Diciembre de 2010 en este blog), donde también funcionaba la tienda donde conoció a su esposo. Rafael Agapito  continuó trabajando en el Ferrocarril y Benedicta siguió encargada de la casa, del cuidado de su madre y de la tienda.

3.      Empresaria

Posteriormente fue cuando a instancias de Jaime Gómez,  un tinterillo amigo, y después de surtir un proceso muy largo y difícil, ella recuperó una tercera parte de la finca que había sido explotada por más de veinticinco años por parte de unos empresarios antioqueños que engañaron a sus padres para quitarle su propiedad (ver el artículo “Un relato de las Minas de Suesca” publicado el 6 de Abril de 2011 en este blog).

Una vez su esposo organizó las Minas de Carbón San Rafael en los terrenos que recibió como herencia de su abuelo, Rafael Agapito viajaba casi todos los días laborables a Suesca, excepto cuando había que hacer diligencias en la ciudad relacionadas con la Mina o las propiedades.  Benedicta se levantaba muy temprano y a eso de las 4 de la mañana ya estaban desayunando. Ella misma le preparaba y le servía el desayuno al Abuelito con chocolate, caldo y huevos. El tenía que irse a esa hora, pues el viaje a Suesca tomaba casi tres horas, y las actividades en la mina se iniciaban muy temprano (5-6 a.m.). Después este tiempo de viaje fue disminuyendo en la medida en que se fueron terminando las obras de la nueva Carretera Central del Norte que se estaba construyendo a mediados de los 1950s, la cual conducía de Bogotá hasta Tunja y Sogamoso. Actualmente este viaje toma tan solo una hora.

A continuación se muestra una foto de la época en que Benedicta y su esposo tuvieron bonanza económica y de salud. Fue tomada en los años 1970s.


4.      Personalidad

Un rasgo característico de Benedicta fue su arraigada creencia religiosa y su profunda convicción de la fe Católica. Le tuvo especial devoción a la Virgen del Perpetuo Socorro, y después a San Martín de Porres cuando lo designaron Beato y le hicieron altar en la Iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Bogotá. Allí ella iba a misa casi todos los días, y en especial los martes que era el día dedicado a San Martín.

Un comentario especial amerita el amor y cariño que Benedicta siempre le profesó a su esposo, y la dedicación que le ponía a su hogar. Recién casada ella pensó inicialmente continuar sus tareas que desempeñaba en la Iglesia, hasta que una amiga y compañera del grupo de señoras que colaboraba en la Iglesia, la hizo caer en cuenta que ella ya era casada y tenía otros deberes. Ante eso, su hogar ocupó un sitio preferencial y se dedicó a éste durante el resto de su vida.

Una de sus hijas, Amparo, al retratar la personalidad de Benedicta decía: “El mejor recuerdo que tengo de ella es que fue una mujer que dedicó toda su vida a su esposo, que salía a medio vestirse con tal de no quedarse cuando él salía, siempre pendiente de él, rezando por las noches y pegada en la ventana hasta que él no llegara para ir a servirle su comidita. También tengo el recuerdo y le admiro mucho, que fue una mujer que no le importó el qué dirán, y no tenía pelos en la boca para decirle a la gente lo que tenía que decirle sin ningún problema, que siempre fue muy devota de Dios pues se la pasaba rezando  y todos los días iba a su misa, en fin una mujer excepcional con mucho carácter, fortaleza, bondad;  y, sobre todo a pesar de que se tomaba sus traguitos, cuando decía no más no recibía un solo trago por mas que le insistieran.”    

Benedicta falleció en Bogotá el 23 de Abril de 1986 a la edad de 71 años. Que en paz descanse su alma.

Thursday, January 17, 2013

Motivo de orgullo familiar

En noticia del día de hoy (Enero 17 de 2013), La Silla Vacía destaca la labor de la abogada Colombiana, Gaia Hernández Palacios, dentro de la firma de abogados Británica "Volterra Fietta", en la asesoría que presta al gobierno Colombiano para reclamar sus derechos sobre las Islas de San Andrés y Providencia.


Segun dicho diario electrónico, la única conexión colombiana que se le conocía hasta ahora a esta firma especializada en disputas entre Estados era la de que formó parte de la comisión de verificación de la Organización de Estados Americanos (OEA) tras la operación militar que dió muerte a ‘Raúl Reyes' en territorio Ecuatoriano.

Pero no había salido a relucir que en la firma británica trabaja desde hace dos meses la abogada colombiana Gaia Hernández Palacios, quien trabajó durante tres años y medio en la Cancillería en el Departamento de Soberanía y Fronteras y en la Sección de Tratados de la Oficina Jurídica.

Gaia había terminado en Septiembre pasado su Maestría en Derecho Internacional en la Universidad de Londres, Reino Unido. Ella es hija de la abogada Maria Olga Palacios Cortés, y del ingeniero civil Jaime Hernández. Felicitaciones a Gaia, a sus padres y a su familia!   



Aunque ella nació en Bogotá, sus raices familiares vienen de Suesca, pues su abuela materna fue Benedicta Cortés de Palacios, oriunda de Suesca. Gaia Paola Andrea Hernández Palacios, como es su nombre completo, cursó estudios de Derecho en la Universidad de Los Andes donde se graduó.


Después de su grado, Gaia trabajó por casi 4 años en el Ministerio de Relaciones Exteriores y dos años y medio en el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, teniendo la oportunidad de representar al país en varias negociaciones internacionales. Durante estos años, paralelamente hizo su especialización en Derecho Constitucional, en la Universidad Nacional de Colombia.




Saturday, April 21, 2012

Aristides Mestizo Cortés - Personaje de Suesca

Ya en un post anterior del blog Suesca Linda (Junio 14 de 2011) se había hecho referencia a la “Familia Cortés-Guáqueta”, de la cual proviene nuestro personaje del mes, Aristides Mestizo Cortés, quien cumple hoy 80 años de vida. En otro post anterior “Un Relato de las Minas de Suesca” (Abril 6 de 2011) se describe la historia y el entorno de lo que fueron las minas de San Rafael en la vereda de San Vicente, Municipio de Suesca, durante la segunda mitad del siglo pasado en el que nuestro personaje participó en un papel protagónico. Aquí viene una foto de su juventud.


Aristides Mestizo Cortés nació el 24 de abril de 1932, en el municipio de Suesca,  vereda  de Cacicazgo. Es hijo de María Ascención Cortés Guáqueta y Aristides Mestizo Torres. Es el segundo de cinco hermanos: Ricardo, Aristides, Fanny, Carmen, y Carlos Julio quien murió de 4 años. A continuación se muestra una foto de sus padres, ambos oriundos de Suesca.

Sus abuelos por parte de su madre se llamaban   Apolinar Cortés y Juana Guáqueta, y por parte de su padre se llamaban Florencio Mestizo y Felisa Torres. Cuando niño Aristides contó con la compañía y apoyo de sus tíos paternos Julio, Nemesio, Dolores, Ernestina y Aleja Mestizo, al igual que contó con su abuela materna Juana y sus tíos maternos Marcelino, Helena, Dolores, Nieves, Benedicta, Abelardo e Hipólito Cortés.

María Ascensión (Maruja), era la hija mayor del matrimonio de Apolinar Cortés y Juana Guáqueta. Cuando soltera trabajó desde muy joven en una hacienda de la familia Holguín, con la cual también había trabajado Apolinar su padre. Aristides Mestizo Torres compró un lote y construyó una casa que denominó “San Lucas”, en la vereda de Cacicazgo, no muy lejos de donde vivían sus padres. Allí nacieron sus hijos.

Aristides hijo creció en un hogar donde había mucho amor y valores humanos.  Durante tres años asistió a la escuela primaria en Suesca. En esa época se usaba como elemento didáctico la pizarra, así que Aristides nunca usó cuadernos; entonces debía llegar a casa a borrar los apuntes de clase y hacer la tarea sobre la pizarra; por lo tanto debía cuidarla mucho para que no se le borrara su tarea.

A la escuela también asistían algunos de sus primos y amigos, entre ellos Alvaro Cristancho, y Ariulfo Valbuena. Era un grupo como de 8 niños, con los cuales compartía además del tiempo de escuela, el tiempo libre y por supuesto algunas travesuras. El cuenta que todos los días llevaba en el bolsillo un cubito de panela como merienda.

En la época de su niñez se compartía mucho en las casas de las tías por el lado de su madre que vivían en Cacicazgo. Por ejemplo, si en una casa se mataba un cerdo, o pollos, o un cordero, o había cosecha de algún alimento, todo se compartía con las demás familias. El recuerda que la comida que preparaban sus tías para la Navidad y la Semana Santa, era especialmente sabrosa. Cuando visitaba la casa de la abuela Juana, la cual estaba ubicada al lado del río Bogotá, si estaba la tía Benedicta era baño seguro en el río, lo cual no le gustaba porque el agua era helada.

Entre las anécdotas de esa época, él cuenta que acostumbraba jugar con sus amigos en Las Rocas, y en una ocasión estaban escalando hacia la cima cuando uno de los últimos prendió fuego, lo cual ocasionó que no tuvieran forma de devolverse, y como la escalada era por una parte bastante peligrosa, él recuerda que la pasó muy mal, pues todos sabían que la única opción era llegar a la cima para no dejarse alcanzar del fuego.

En otra ocasión Aristides se estaba bañando en el río, con su hermano Ricardo y otros compañeros. Como la costumbre era quitarse la ropa y bañarse, pues hubo alguien que se llevó la ropa mientras ellos se bañaban, así que les tocó esperar a que oscureciera para irse desnudos a la casa.

Su padre (Aristides Mestizo Torres) murió muy joven en 1941, a causa de problemas pulmonares, seguramente derivados de su trabajo en las minas. Entonces Maruja y sus hijos se trasladaron a vivir al Puente, donde ella vendía cerdo, y Aristides y Ricardo salían juntos a la estación del tren a vender a los pasajeros empanadas y aguardiente.

El negocio que tenían los dos hermanos para ayudar a su madre era comprar una botella de aguardiente en 40 centavos y la vendían por tragos ganando 40 centavos, de los cuales le llevaban 30 centavos a su mamá y les quedaban 10 centavos para comprar sus onces en la escuela. Los 10 centavos les alcanzaban para comprar golosinas tales como mantecadas, queso, kumis, masato, o bocadillos.

En esta actividad duraron como 2 años, y cuando Aristides tenía 11 se fue a trabajar donde su tío  Abelardo, en el patio de la mina. Por lo tanto su época de estudiante duró muy poco, porque apremiaba buscarse un medio de vida para suplir las necesidades del hogar.

De muchacho, Aristides en sus ratos libres seguía compartiendo con sus primos y amigos de la infancia; siempre se les veía juntos, y como algunos eran un poco traviesos, la gente del pueblo de Suesca les tenía respeto. A Aristides, a su hermano Ricardo, y a las tíos maternos los apodaban “los chulos”. El origen de este apodo tiene relación con una canción que cantaba la tía Helena cuando era joven y acostumbraba lavar la ropa a la orilla del rio Bogotá. La canción decía: “…chula la mañana, chula la tarde, chulo todo el dia…”, y ella la repetía una y otra vez en voz alta sin cansarse, de tal manera que los transeúntes que pasaban por el puente la escuchaban y les dieron ese apodo a todos.

Aristides y Ricardo, cuando eran adolescentes, empezaron a simpatizar con el partido conservador porque una vez un liberal del pueblo los golpeó porque se negaron a gritar “viva el partido liberal". Al poco tiempo los dos organizaron un grupo de muchachos de su edad para apoyar al partido conservador.

En Abril de 1946, cuando Aristides tenía 14 años, su tía Benedicta se casó con Rafael Palacios, con quien Aristides simpatizó mucho y solía acompañarlo los domingos a cercar el lote que Don Rafael, como respetuosamente le llamaba, había comprado con sus cesantías del Ferrocarril donde trabajaba, el cual se denominaba El Triángulo por la forma que tenía, y quedaba ubicado a unos quinientos metros de donde vivian, sobre la carretera que entra al pueblo de Suesca. A Aristides le gustaban las buenas medias nueves que llevaba Don Rafael, las cuales compartían en agradable compañía. A partir de entonces se creó una amistad entre ellos que duró por siempre.

Estando recién casada su tía Benedicta, y ante unas vacaciones que tenía su esposo Rafael Palacios en el ferrocarril, Maruja les sugirió ir a Santander, y una vez ellos decidieron ir allí Maruja les pidió el favor de visitar a su hijo Ricardo, quien estaba prestando servicio militar en ese departamento. Entonces Rafael y Benedicta llevaron a Aristides a ese paseo, pero ante lo penoso del viaje y las malas condiciones de la carretera, Benedicta con el ánimo de disuadirlo de la vida militar le dijo a su sobrino Aristides: “Ay mijo, ojalá que a usted no le vaya a tocar lo mismo que a Ricardo”, y Aristides muy olímpicamente le contestó "Y si sirvo tía, por qué no?"

Efectivamente años más tarde fue reclutado por el Ejército, y prestó su servicio militar. Al poco tiempo su hermano Ricardo se retiro del Ejército con el grado de Cabo, y se fue a trabajar como capataz de su tío Abelardo en las Minas ABC donde permaneció por varios años. Después se independizó comprando una estación de gasolina en la carretera Central del Norte, en el municipio de Sesquilé, en el punto de entrada a la carretera local que conduce al pueblo de Suesca, y comúnmente se le conoce como La Playa.

Ricardo Mestizo, se casó con Dora Reyes, oriunda de Santander, y tuvieron siete hijos: Ricardo, Nubia, Rodolfo, Rubén, Ramiro, Nelson (actual alcalde de Suesca), y Juan Carlos, a quien el mismo Ricardo apodó cariñosamente “Gigio” por un programa de televisión de esa época que tuvo mucha audiencia, y se llamaba El Topo Gigio.

Su hermana Juana (Fanny o Fanicita como se le conoce),  tenía su casa cerca de la del tío Abelardo en la vereda de Cacicazgo. Ella se casó con Julio Maldonado, quien además de trabajar en las minas era peluquero de profesión, y tuvo nueve hijos: Luis Hernando, Gladys, Alberto, Elsa, Nelly, Gilma, Lucia, Diego y Horacio. Fanicita era normalmente la persona encargada de preparar piquetes para ocasiones especiales, como salidas en pleitos, o invitaciones a abogados o autoridades del Municipio, paseos o celebraciones familiares, tales como bautizos, bodas, etc. Sus especialidades eran la asadura de chivo, el pollo a la criolla, o la lengua en salsa, acompañadas de arroz con alverjas y papas saladas o chorreadas.

Carmen, su otra hermana, se casó con Martín Bernal oriundo de Cota, y se fueron a vivir a dicho municipio, donde actualmente reside. Tuvieron dos hijas: Fanny Cecilia quien se desempeñó durante muchos años como profesora, y Martha quien se graduó de Bacterióloga. Ellas también viven allí.

Después de casarse sus hermanos Ricardo, Carmen y Fanny, su madre  María Ascención viuda de Mestizo continuó viviendo con su hijo Aristides en la casa del Puente. Luego ella vivió un tiempo en la casa de su hermano Abelardo en Bogotá para atender a su madre Juana, a quien cariñosamente se le llamaba Mamájuanita.  Al fallecer su madre en 1965, ella se fue a vivir con su hija Carmen en Cota.

Aristides, habiendo trabajado con su tío Abelardo desde cuando estudiaba en la escuela, después de prestar su servicio militar en 1952 entró de nuevo a colaborar con él en las Minas ABC de su propiedad, donde su hermano era el capataz. Luego reemplazó a su hermano Ricardo como capataz cuando él se independizó  en 1964, y allí trabajó hasta finales de 1970, pero con dos interrupciones.

La primera en el año 1955, cuando los hermanos Bernal de Suesca contactaron a Aristides para que trabajara en Cartago, Valle, con el INA (Instituto Nacional Agropecuario) entidad adscrita al Ministerio de Agricultura. En ese entonces se inauguraban en Cartago las bodegas de almacenamiento de alimentos, y Aristides trabajó allí durante 7 meses, aunque a la planta nunca llegaron alimentos para almacenar. El cuenta que Cartago en esa época era ganadero y no había cultivos, y tal vez por estar más acostumbrado al ambiente minero decidió regresar a Suesca a trabajar con su tío Abelardo.

La segunda interrupción fue de siete años, desde 1961 hasta 1968, tiempo en el cual Aristides y su hermano Ricardo trabajaron en sociedad con Francisco Angarita Bueno y Guillermo Angarita Bueno. Se trataba de unas minas en la vereda El Hatillo del municipio de Suesca, en el lugar que se denomina El Jucual. 

Al principio todo iba bién en la sociedad con los Angarita, y Aristides se fue a vivir al Jucual; bajaba al pueblo los sábados y domingos. Sin embargo la mina se inundaba, el terreno era inestable, los hermanos Angarita se peleaban en sus negocios, y  entonces se disolvió la sociedad.

Más adelante conoció a Carmen Alicia Castillo Quintero, natural de Suesca, quien se desempeñaba como profesora de la escuela General Santander en el centro de Suesca, y se  enamoró de ella. Sus padres se llamaban Juan de Dios Castillo y Hortensia Quintero Arévalo, también oriundos de Suesca. Desde muy jovencita comenzó a trabajar como educadora en distintos municipios: Chocontá, Villapinzón, Tibirita, Machetá, Fosca y Suesca. Finalmente se pensionó después de 40 años de labores. A continuación se muestra una foto de la época en que estaban de novios.


En el año 1970 Arisitides terminó su trabajo con su tío Abelardo, y se casó con Carmen Alicia. Los padrinos de la boda fueron la tía Benedicta y  su esposo Rafael  Palacios Sánchez. Inicialmente vivieron en una casa a la entrada del pueblo de Suesca. Después de varios años  construyó una casa en Bogotá, cerca de la Autopista con Calle 143 a donde se trasladó con su familia y allí reside actualmente. A continuación una foto de su matrimonio.


Al siguiente año (1971), hubo dos acontecimientos importantes en la vida de Arisitides: murió su madre María Ascención, y un mes después nació Angela María, su primera hija. Luego nacieron sus otros hijos: Fabio Aristides, dos años después, luego Rafael Augusto y al poco tiempo Carmen Alicia (la hija menor). En general, durante esos años, Aristides se dedicó a su trabajo y a su hogar.

En ese mismo año Aristides comenzó a colaborarle a Don Rafael Palacios como Capataz de las Minas San Rafael hasta 1985 cuando se retiró. Inicialmente tomó en arriendo una vertical (la No. 1), a la cual se entraba por el túnel Dunkerque, y tenía dos manchones con veta de carbón en la mina de San Rafael. Años después Rafael Agapito le pidió que administrara la mina y estuviera pendiente de todo. Los lunes se reunían, hacían cuentas, almorzaban en la casa de Aristides en Suesca, y verificaban que la mina funcionara bien.

En la siguiente foto aparece Aristides con sus tres primeros hijos, al frente de su casa en Suesca y junto al vehículo Chevrolet 1954 que tuvo.


Los niños fueron creciendo física e intelectualmente, hasta lograr todos su título profesional: Angela María como Contadora y Diseñadora de Modas, Fabio como Ingeniero de Sistemas, Rafael Augusto como Ingeniero Industrial, y Carmen como Abogada.

En el año 1981, luego de una visita que hizo Aristides con don Rafael y su hijo Luis Felipe a las minas que tenía Ricardo su hermano en Cucunubá, las cuales eran muy productivas, los visitantes acordaron conformar una sociedad para explotar una mina de carbón en esa misma zona. Entonces Luis Felipe compró la veta al señor Aquilino Quintana, don Rafael Agapito puso los implementos y herramientas que se requerían para la instalación, y Aristides administraba la mina. Esta sociedad duró varios años.

Hacia fines de 1983 Aristides y su esposa tomaron la decisión de irse a vivir a Bogotá, pues llegaron a la conclusión de que era lo más adecuado, para que los hijos tuvieran acceso a colegios y universidades, así que se mudaron a Bogotá. Al respecto señala Angela: “Entonces mis padres viajaban todos los días a trabajar a Suesca; esto continuó así aproximadamente hasta los años 90, cuando mi madre se pensionó y la mina de carbón de la tía Benedicta y su esposo terminó su vida útil”. Lamentablemente en el año 1985, murió Ricardo Mestizo, el hermano mayor de Aristides; al respecto dice Angela: “recuerdo que mi padre estaba muy triste”.

En las siguientes fotos aparece Tilito acompañando a su primo Luis Felipe, primero en la preparación de un piquete, y luego dentro del túnel Dunkerque en las antiguas minas de San Rafael, donde él laboró como capataz durante varios años.



Y en la siguiente aparece Aristides y su hijo Fabio acompañando a los propietarios de la Finca San Rafael, Luis Felipe Palacios e Idali Mendez de Palacios, en el túnel Dunkerque que fue la entrada principal a la Mina San Rafael.


Es de destacar la amistad que mantuvo don Rafael con Tilito, desde cuando era el capataz del tío Abelardo, y luego de él. Después fueron socios en la explotación de la Mina San Rafael, cuando don Rafael se fue retirando, pero de todas maneras iban juntos a la Mina uno o dos días a la semana. En esa época se llamaban el día anterior para acordar la hora de encuentro en la Autopista con calle 140 al día siguiente, y por lo general se decían antes de despedirse: “entonces a la misma hora pero más temprano”.

Después de que Don Rafael y Tilito se retiraron de las minas, mantuvieron comunicación y se visitaban con frecuencia. Luis Felipe dice que Tilito era “el bocadillo” del Abuelito (como le decían a Don Rafael en la casa), pues lo entretenía, y le endulzaba la vida con cuentos y apuntes graciosos, como puede observarse en la siguiente fotografía de esos años.


Para la familia Palacios-Cortés y sus miembros, Tilito ha sido una persona muy estimada y cercana, como si fuera un padre o hermano. El ha sido siempre cariñoso, generoso y atento con todos ellos. Se recuerda cuando el iba de visita, siempre llevaba algún apetitoso presente: o deliciosas golosinas de donde don Luis Moncada (almojábanas, mantecada, colaciones, arepas de harina de trigo adornadas con punticos y horneadas con mantequilla (arepas de Tilo), o mute para la Semana Santa, o tamales preparados en su casa.

Ahora Aristides  está retirado y permanece en casa, le gusta leer, y viaja los domingos a Suesca. Dice de él Angela su hija: “Como papá él es un hombre ejemplar, muy especial con sus hijos, siempre queriendo dar lo mejor de sí, nos ha aportado conocimientos, valores y amor. Estoy muy orgullosa de él, y le agradezco a la vida por tener el papá que tengo”.

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La presente Crónica ha sido elaborada con cariño y estimación, por Rafael Palacios Cortés, con aportes de Angela, Fabio, Rafael y Carmenza Mestizo Castillo, y la colaboración de Luis Felipe Palacios Cortés, como una muestra de gratitud y aprecio, con la cual rinden homenaje a quien ha dedicado tanto esfuerzo y amor, no sólo a su familia, parientes y amigos, sino también a los compañeros, paisanos y personas que para él trabajaron en estos 80 años de vida que le ha concedido el Señor.

Sunday, February 12, 2012

Gobierno de los Muiscas

Dando continuidad al artículo sobre la Cultura Muisca - Orígenes y Valores publicado en este Blog en Septiembre de 2011, quisiera hacer una aproximación a lo que fuera la forma de gobierno que tenían nuestros antepasados los Muiscas en épocas pre-hispánicas.


En la Introducción del libro Gramática de la Lengua Muisca de E. Uricoechea (1) se afirma que  “la confederación” fue el modelo de organización y la unidad política de los cacicazgos muiscas liderados por el Zipa de Bacatá, el Zaque de Tchunza, el Iraca de Sugamuxi y el Tundama de Duitama. Dicha organización subsistió hasta 1541, fecha en que se consolidó la conquista española en el centro de Colombia. En este modelo de organización política cada jefe o cacique dominaba dentro de cada comunidad, pero las distintas tribus se unían y se colaboraban para ejecutar obras, o para intercambiar bienes, o se aliaban temporalmente durante las guerras.

Por su parte Hermes Tovar Pinzón, en su libro La Formación Social Chibcha, afirma que el cacique dominante dentro de una confederación respetaba el gobierno autónomo de los caciques subordinados y mantenía la territorialidad de las respectivas comunidades, pero se convertía en el máximo jefe militar y además el detentador final y principal beneficiario de un sistema de tributos comunitarios (2)
Desde otro punto de vista Guillermo Hernández Rodriguez en su libro De los Chibchas a la Colonia y la República (3) dice que es inexacto hablar de un "reino muisca" o "imperio muisca", y lo explica así: "El caso del reino no se cumple porque no existía un monarca absoluto y no se cumple el caso del imperio porque los muiscas no sometieron pueblos no-muiscas a su régimen político". Por lo tanto la confederación muisca no puede compararse al imperio azteca o al imperio inca que siguieron otros modelos de organización política, aunque fueron pueblos contemporáneos.
Según este último autor la importancia política de la confederación muisca es que fue la más grande y la más organizada confederación de tribus del continente. Dentro de este contexto, cada comunidad estaba regida por su jefe o cacique, tenía su autonomía y se sentían parte de su confederación (3). La legislación se basaba en la fuerza de la tradición. Un determinado comportamiento más o menos aceptado por el común y aprobado por la máxima autoridad, era tenida por todos como fuerza de ley. En tal sentido, dicha manera de legislar corresponde naturalmente al modo organizativo de una confederación, y de esta manera la normatividad muisca tenía un admirable nivel administrativo. Los recursos naturales no podían ser privatizados. Bosques, lagunas, páramos, ríos y recursos naturales en general pertenecían al bien de todos.
Un aspecto a lamentar en el gobierno del pueblo muisca es que mientras los gobernantes se enfrascaron en guerras con otros pueblos indígenas, los conquistadores españoles adelantaron la conquista del actual territorio colombiano, todos ellos interesados en encontrar el tesoro de El Dorado. Dicha conquista en el territorio de los Muiscas fue comandada principalmente por Sebastián de Belalcázar, Gonzalo Jiménez de Quesada y Nicolás de Federmann.
En la siguiente fotografía se muestra la Balsa Muisca que representa el evento que dio origen a la leyenda de El Dorado. Esta representación corresponde al acto de investidura de poder de los jefes muiscas que se celebraba en la laguna de Guatavita (Cundinamarca), en la cual el cacique se untaba de oro en polvo el cuerpo, y luego arrojaba piezas de oro a la Laguna como tributo a sus dioses. Esta pieza de orfebrería precolombina hace parte de la Colección del Museo del Oro en Bogotá.




Paradójicamente los gobernantes muiscas cuando se dieron cuenta de la presencia de los nuevos invasores, se valieron de ellos para terminar sus conflictos con las tribus hostiles, pero una vez terminadas sus diferencias, los españoles aprovecharon la situación para conquistar el territorio y legitimar sus actos ante la corona española.
Según Vicente Restrepo (4) al llegar los españoles al territorio que hoy es Colombia, estaba gobernado por cuatro confederaciones muiscas, asi:
1.    La del Zipa, que comprendía cinco cacicazgos, así:
-             Cacicazgo de Bacatá: cubria lo que son hoy en día los municipios de  Funza, Tenjo, Subachoque, Facatativá, Tabio, Cota, Chía, Cajicá, Zipaquirá, Nemocón, Engativá, Bojacá y Zipacón.
-             Cacicazgo de Guatavita: abarcaba lo que hoy en día son los municipios de Guatavita, Sesquilé, Guasca, Sopó, Usaquén, Tuna, Suba, Teusacá, Gachetá, Chocontá y Suesca.
-             Cacicazgo de Ubaque: conformado por los territorios que hoy en dia conforman los municipios de Ubaque, Choachí, Chipaque, Cáqueza, y Usme
-             Cacicazgo de Fusunga: gobernaba sobre los territorios de Fusunga, Baquira, Bosa, Soacha, Fusagasugá, Pasca, Tena y Tibacuy.
-             Cacicazgo de Ubaté: cubría lo que hoy en día son los municipios de Ubaté, Cucunubá, Simijaca, y Susa.

2.      La del Zaque: se extendia en los hoy municipios de Hunza, Ramiriquí, Machetá, Moniquirá, Tenza, Sutatenza, Somondoco, Soratá, Tibirita, Lenguazaque y Turmequé.

3.      La del Tundama, que abarcaba los poblados de Duitama, Tobasía, Paipa, Cerinza, Ocavita, Onzaga, Soatá, Ibacucu, Sativa y Tibaná.

4.      La del Iraca: gobernaba en los poblados de Sogamoso, Bombaza, Busbanzá, Chipatá, Pesca, Pisba, Tópaga y Toca.
Referencias
(1) Uricoechea, E. . Gramática de la lengua muisca. Introducción. París, 1871
(2) Tovar Pinzón, Hermes 1980 La formación social chibcha. Bogotá. CIEC.
(3) Hernández Rodríguez, Guillermo 1949 De los Chibchas a la Colonia y la República. Bogotá: Ediciones Paraninfo, 1991, p.104.


(4) Vicente Restrepo, Los chibchas antes de la conquista española. Bogotá: Imprenta La Luz, 1893, p.88
(5) Wikipedia, Confederación Muisca