Friday, April 9, 2021

Maestro Rafael Penagos: Personaje de Suesca!

Las siguientes notas, así como las fotos que las acompañan, fueron extractadas del video titulado “SIHOS Personajes de Suesca con Rafael Penagos”, que se grabó durante la entrevista realizada por Angela Guáqueta el 18 de marzo de 2016 en su residencia. Algunos datos familiares y precisiones en cuanto a nombres, fechas y lugares fueron gentilmente suministrados por su esposa, María Helena Marín.

 

El Maestro Rafael Penagos nació en Suesca en junio de 1941, en una casa a la entrada del pueblo, cerca a la casa de la señora Brígida Penagos de Alfonso. Fueron sus padres Eleuterio Penagos Sánchez, natural de Suesca, y Sergia Fernández, oriunda de Sesquilé; ellos tuvieron una tiendita en una esquina de la plaza principal, diagonal al teatro del pueblo, donde quedan hoy en día las dependencias de la Policía. Rafael inició sus estudios en la escuela del pueblo; él recuerda que en esa época algunos profesores eran un tanto crueles con los niños, pues para corregirlos les daban fuete a manera de castigo. Claro que eran otras épocas, pues esto sucedió hace ya más de 60 años.

 

A la edad de 17 años, él trabajó en la Tesorería Municipal de Suesca, como Secretario del Tesorero; él hacía las liquidaciones del impuesto predial y atendía a la gente que llegaba a pagar los impuestos. La señora Brígida Penagos y la señora Delia cuentan que desde cuando Rafael trabajaba en la Tesorería él hacía sus dibujos. Desde niño le gustaba dibujar, y recuerda que su padre le compró unos cuadernos de dibujo y tinta china para estimularlo, cuando tendría unos 11 años; alguna vez él  mismo se sorprendió de su capacidad de dibujar a las personas.  Ahora le gusta mucho pintar  árboles y paisajes. 




Cuando pequeño le gustaba viajar en tren; recuerda que había viajes  hacia Bogotá a las 6, a las 9 y a las 11 en la mañana; en la tarde, a las 4 y el último a las 7 de la noche. Para tomar el tren, él se iba caminando desde el pueblo de Suesca hasta la estación de Sesquilé. Recuerda con agrado que en el tren ofrecían papa salada y carne. Otro recuerdo grato de su niñez era cuando el cura del pueblo jugaba fútbol con los alumnos del Colegio, en la misma plaza, pues antes no había parque, y tan solo estaba la pila. En la misma plaza también se hacía el mercado.


Gracias al escultor Hugo Martínez, amigo de su padre y muy conocido en Suesca, logró entrar en calidad de alumno asistente, a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional en Bogotá, en el año 1959; allí estuvo por algo más de un año. Para asistir a dicha Escuela, viajaba todos los días en bus a la ciudad; el viaje tomaba dos horas en cada sentido. Así fue como empezó a dedicarse casi por completo a dibujar y a pintar cuadros. Una vez su familia se trasladó a Bogotá, dejó un tiempo de ir a Suesca.

 

Cuando visitaba a su pueblo, recuerda que él tenía unos sueños extraños de que se entraban los ladrones a robar el templo. Tal vez fue porque él acostumbraba entrar a la iglesia y se daba cuenta que algunos cuadros ya no estaban. Recuerda especialmente un cuadro bastante grande (2x3 metros), que estaba dedicado a las benditas almas; era muy bello, pero de repente desapareció.  También, cuando regresaba de Europa, algo lo motivaba a ir al pueblo, pero cada vez que visitaba el templo lo veía con menos cuadros. Al visitar el pueblo él acostumbraba recorrer las calles para recordar su niñez y juventud, y a la vez a manera de descanso.




 

En Bogotá, empezó a trabajar en la Galería El Callejón de la Librería Central, localizada en el Parque de Santander. En ese puesto, aprendió a enmarcar cuadros, de una persona que realizaba dicho trabajo, y también aprendió a venderlos. Un tiempo después dejó su trabajo en la Librería Central, y puso su propio taller-galería que se llamó el "Grifo Negro", para hacer sus propias exhibiciones, pero sin muchas ventas, pues no era buen vendedor. Entonces empezó a exponer con otros compañeros de la Escuela, ya que alguna vez intentó exponer solo en otra galería, pero no lo aceptaron.



La galería quedaba situada frente al monumento a La Pola, entre la Universidad de Los Andes y el Centro Colombo-Americano. Los cinco pintores con los cuales exponía fueron: Raul Arango, quien ahora es escritor y está radicado en Barcelona; Jaime Peña, escultor ya fallecido; Nelson Fachiny, pintor, quien terminó sus estudios en la Universidad Nacional y ahora es profesor de bellas artes;  Héctor Marín, pintor a quien se lo llevó el mar.  El grupo se llamaba “La Mancha”. Cada uno tenía su estilo: uno era figurativo, otro era abstracto. Con este grupo permaneció hasta 1974 cuando se fue a vivir a Europa.    

 

Antes de esto, él había visitado España gracias a una pareja de españoles que le obsequiaron un pasaje por haberles hecho un dibujo; ese primer viaje fue muy a vuelo de pájaro, pues viajó sin la familia y se estuvo solo mes y medio, ya que le dió nostalgia. Además fue duro para él, pues llegó en época de invierno. Por otra parte, tenía que participar en una exposición en Washington en la Unión Panamericana en 1974; lo había invitado el Director José Gómez Sicre, y viajó con la señora Nelly de Sarmiento, quien también había sido invitada a dicho evento; ella exponía esculturas y él sus dibujos. 


 

Al regresar de Washington, reunió algún dinero, suficiente para vivir un año con su familia, y se fueron a vivir a España en 1975. Esta vez las cosas fueron resultando bien, y así extendieron su estadía por un año más, y así sucesivamente, hasta durar cinco años en España. Pero el objetivo era llegar, tarde o temprano a París; entonces, a comienzos de 1980 se fueron a vivir a Francia. Aunque sus cuatro hijos son nacidos en Colombia, todos se educaron en Europa. Al comienzo de su estadía en Francia recuerda que les gustaba irse a “devorar” los museos; iban una y otra vez, y él iba identificando lo que le gustaba y lo que quería hacer, y así ir definiendo lo que podía esperar de su viaje.



En una ocasión le hizo un homenaje al pintor alemán Alberto Durero, adaptando algunas de sus obras, con características y motivos de Colombia. También dibujó una colección de bodegones que son en su propio estilo. Siempre trabajó en lo figurativo, dibujando y pintando la figura humana, retratos, y paisajes. Entre las técnicas que usó, estaban el lápiz, el pincel, el pastel, la sanguina, el carbón, la tiza blanca, y el óleo. En otra ocasión le hizo un homenaje a William Bogueró, un artista francés, pintando en pastel sobre tabla, similar al de Alberto Durero. En otras ocasiones, él también pintaba sobre cartón, o sobre papel. 

 

Cuando estuvo en Francia, le gustó mucho la obra de Pedro Pablo Rubens, por su extraordinaria forma de pintar las figuras, su belleza y el movimiento que les daba. Además le gustaron mucho las pinturas de Miguel Angel, Rafael Sancio y Leonardo DaVinci cuando estuvo en Italia. Se necesita tener bastante sensibilidad para poder apreciar esos movimientos y demás detalles en dichas obras, que no son apreciables para una persona que no sabe de pintura. 




En 1984 lo invitó el Centro Aeroespacial de Toulouse a exponer sus obras, y logró reunir entre 25 y 30 pinturas. Para él fue muy satisfactorio haber expuesto en tan importante sitio. Posteriormente realizó diversas exposiciones internacionales, en la TATE GALERY de Londres; la galeria Crisphil de Paris, donde expuso en varia s ocasiones; en la Galeria Rosvelt en Paris; en la bienal de arte en Barcelona; en el concurso de dibujo Yglanda Guillot, en Barcelona;  y en el Grand Palais de Paris.





Cuando vivió en España, logró hacer dos exposiciones en la Galería Durban, de Madrid; allí expuso varios dibujos y pinturas. También expuso unas esculturas en bronce; son pequeñas, porque el peso del metal impedía su fácil traslado a cualquier otro país. También hizo algunas esculturas más grandes en bronce, que se fundieron y se vendieron en Europa. Hace muchos años, también hizo una exposición en la Biblioteca Luis Angel Arango, cuando era Director el Dr. Jaime Duarte French. En la Colección permanente de dicha Biblioteca se conservan dos obras suyas.



 

El Maestro Penagos falleció en Bogotá el 25 de enero de 2021, a la edad de 79 años. Le sobreviven su esposa Helena, y sus cuatro hijos: Leonardo, Julieta, Caterine y Miguel Angel. A ellos les expresamos nuestro sentimiento de condolencia.



Con este post y el video cuyo enlace incluímos al final, los habitantes del municipio de Suesca queremos rendirle tributo de admiración y gratitud al Maestro Penagos, por su excepcional talento, y por sus realizaciones en el mundo artístico internacional, donde descolló y llevó muy en alto los valores patrios. Descanse en Paz.



Dar clic en el siguiente enlace para ver el video de las Obras representativas del Maestro Rafael Penagos

Saturday, April 3, 2021

La Provincia de Almeidas

Antes de la llegada de los conquistadores españoles, el territorio de la actual Provincia de Almeidas, en el departamento de Cundinamarca, hizo parte del Zipazgo, es decir el territorio muisca que gobernaba el Zipa de Bacatá. Como se publicó en un post reciente en este blog,  uno de los acontecimientos de mayor relevancia histórica en aquella época pre-hispánica fue la Batalla de Chocontá, en la que se enfrentaron las tropas del Zipa Saguamanchica contra las del Zaque Michuá (1). 

 

El nombre de la Provincia de Almeidas se asignó a este territorio en memoria de los hermanos Ambrosio y Vicente Almeida, quienes son considerados próceres de la independencia de Colombia por el importante papel que desempeñaron en el período que siguió a la rebelión de los Comuneros y desembocó en la campaña libertadora. Los hermanos Ambrosio y Vicente Almeida eran oriundos de San José de Cúcuta y miembros de una acaudalada familia que hacía causa común con los patriotas granadinos. Doña Josefa Acebedo de Gómez describe a Ambrosio Almeida de la siguiente manera: “Buen mozo, pálido, flaco, de cara fresca y risueña, alto de cuerpo, delgado y con nariz aguileña” (2).


Hoy en día la Provincia de Almeidas es una de las quince provincias del departamento de Cundinamarca. Se encuentra localizada al nororiente del departamento, y limita por el norte con el departamento de Boyacá y la Provincia de Ubaté; hacia el sur limita con la Provincia del Guavio.  Su extensión territorial es de 1.238 kilómetros cuadrados, y representa el 5,5% del área total del departamento. Está integrada por siete municipios: Chocontá, que es la cabecera o capital de la Provincia; Machetá; Manta; Sesquilé; Suesca; Tibirita; y Villapinzón. Según el censo de 2005, la Provincia de Almeidas tenía una población estimada en 72.891 habitantes (3).

 


A finales de la Colonia, después de la Rebelión de los Comuneros en 1781 y posteriormente al Grito de la Independencia en 1810, no obstante la represión, los cadalsos y la crueldad de los españoles para mantener sus dominios en el territorio americano, los republicanos de Venezuela y de la Nueva Granada  se  levantaron en guerrilla para hacer frente a la llamada Reconquista Española dirigida por el militar español Pablo Morillo, conocido como “El Pacificador” (5). Desde cuando llegó Morillo con sus tropas al territorio de la Nueva Granada el 24 de mayo de 1816, instauró el llamado Régimen del Terror, ya que durante esta etapa, fueron hechos prisioneros y luego asesinados, un gran número de políticos, militares y civiles, que simpatizaban con los patriotas. 



En la zona de el Socorro, se destacó la “guerrilla de Niebla”; en la zona de Honda y Guaduas se distinguió  el “mosco Rodríguez”; en la zona de Popayán la “guerrilla de Mora”; los irregulares de Casanare  fueron invencibles en los llanos; y en la zona de Machetá  la “guerrilla de los Almeidas” ocupó las poblaciones que colindan con los llanos orientales. A nivel individual sobresalieron los siguientes próceres de la independencia: 
  • En Suesca: J. Rafael Olaya.
  • En Machetá: los hermanos Ambrosio y Vicente Almeida.
  • En Guachetá: los hermanos Miguel y Manuel Rodríguez, y Juana Rodríguez.
  • En La Mesa: José Antonio Olaya, con el Coronel José Ignacio Rodríguez "El Mosca" (4).

 

Sin embargo, fueron las mujeres las más exaltadas animadoras, contagiando el alma de los hombres; por ejemplo, en el costurero de la ilustre dama doña Andrea Ricaurte de Lozano se forjaban los planes revolucionarios, así nacía la gesta patriótica de 1817, pues en esta casa se reunían los que fueron los líderes de Cundinamarca y el Socorro. Fue allí donde Policarpa Salavarrieta libró su campaña, pues daba consejos, buscaba hombres para vestirlos de soldados y enviarlos a Casanare, donde los esperaba Francisco de Paula Santander.


-   Dentro de las distintas acciones promovidas por Morillo, los hermanos Vicente y Ambrosio Almeida fueron llevados a prisión en Santafé de Bogotá, de donde lograron escapar gracias a la ayuda de Policarpa Salavarrieta más conocida como La Pola.  Entonces los Almeida se refugiaron en una finca de Machetá conseguida por la Pola y allí con el apoyo de Juan José Neira organizaron una fuerza de caballería con campesinos de la región y con desertores de las tropas realistas que motivados por las victorias patriotas en los llanos buscaban unirse a las guerrillas insurgentes, que posteriormente apoyaron la campaña libertadora (6).


El 13 de noviembre de 1816  los Almeida ocuparon  a Tibirità y ejecutaron a cuatro realistas; el día 18 entraron a Chocontá con 300 hombres a caballo y lanza y 20 fusileros. La campaña guerrillera encendió los  ánimos de los vecinos en forma tal que  el 19 de noviembre de 1817 se levantó el pueblo de Ubaté al grito de ¡Viva nuestro generalísimo Bolívar! ¡Mueran los chapetones! El 21 de noviembre las tropas de los Almeida estaba en Chocontá de donde salieron varios grupos armados hacia Suesca, Nemocòn, Ventaquemada y Ubaté donde aún quedaban brasas del rescoldo comunero.

 

El pánico se apoderó de la población, tanto en Zipaquirá como en Santa Fe de Bogotá, ante lo cual el general español Juan Sámano  dió órdenes a Carlos Tolrá, Simón Muñoz y Simón Sicilia, quienes se distinguían por ser los más crueles y despiadados, para que fueran al encuentro de los Almeida, sin dar cuartel ni perdonar al enemigo. Los guerrilleros rechazaron a Simón Sicilia en el puente del Sisga y horas más tarde chocaron con la avanzada de Carlos Tolrá. En esta oportunidad la valentía no les sirvió a los patriotas, pues eran superados en número y en armas por los españoles. En el campo quedaron varios muertos, y diez  guerrilleros cayeron en poder de los españoles que los ejecutaron de inmediato.

 


Ante la inminencia de una derrota total, los Almeida con 26 sobrevivientes tomaron el camino de los llanos tratando de escapar de los españoles; fue entonces cuando Neira con algunos guerrilleros trataron de contener al enemigo para proteger la retirada. Uno por uno fue cayendo y al final únicamente  Neira quedó con vida, que le perdonaron para  enviarlo a Santa Fe y ejecutarlo como escarmiento a los rebeldes patriotas. Neira se dejó conducir  sin oposición como si estuviera resignado con el destino que le esperaba, iba con grillos  en una bestia  en medio de la escuadra realista. Al pasar por el voladero de Machetá los caballos desfilaron uno a uno por la estrecha senda; entonces Neira se arrojó al precipicio pues prefería morir despeñado que servir de solaz a los enemigos que gozarían con su sacrificio. Nadie se preocupó por recuperar el cadáver, tan seguros estaban de su muerte, pero por un designio de la Providencia los grilletes se enredaron en un arbusto y Neira quedó suspendido en el abismo.

 

Entrada la noche, Neira pudo descender hasta el lecho del río Barbosa y al amanecer lo socorrieron unos labriegos  que curaron sus heridas. Después se  dirigió a Pacho y allí casi lo recapturan; al final se unió a las fuerzas patriotas y  con pundonor y heroísmo desempeñó  un papel estelar en la historia republicana. Como Carlos Tolrá no pudo capturar a los Almeida ni a Pedro Torneros, mandó fabricar unos muñecos que ahorcó  en nombre de los fugitivos. Los Almeida se sumaron a las fuerzas de Santander y una vez lograda la Independencia de Colombia, Ambrosio se dedicó a atender los negocios de la familia; de Vicente no  se tienen mayores datos.

 

Retrospectivamente, se podría considerar que la incursión  de los Almeida fue un gesto osado, ya que en ese momento, con los recursos que contaban, era imposible derrotar a los españoles, pues tenían un ejército más numeroso, debidamente entrenado, que contaba con suficientes armas, y caballería; y sus resultados desatrosos, pues como reacción a esa arriesgada campaña, hizo que Tolrà se desquitara con la población indefensa, pues asesinó a más de cien campesinos en las poblaciones de  Chocontá, Machetá, Tibirita y Tenza; además, Tolrá se apoderó de todas las bestias de la región, recogió las armas blancas y de fuego, destruyó las cosechas y confiscó  todos los elementos de hierro que tuviesen quienes apoyaron a los Almeida. 

 


Referencias

 

(1)  Gobernantes Muiscas – Los ZipasRafael Palacios Cortés, post publicado en el blog Suesca Linda,  el 11 de marzo de 2021.

(2)  Saucío, vereda legendaria - Primera ParteRafael Palacios Cortés, post publicado en el blog Suesca Linda, el 20 de febrero de 2021.

(3)  La Guerrilla de los Almeida, Alfredo Cardona Tobòn. Publicado en el periódico La Patria en noviembre 3 de 2014

(4)  Historia – Gobernación de Cundinamarca.

(5)  Reconquista de la Nueva Granada, Wikipedia

(6)  Juan José Neira, Wikipedia

 

Saturday, March 20, 2021

Saucío, vereda legendaria – Tercera Parte

Para terminar este relato, subdividido en tres partes, acerca del proceso de cambio social que se ha vivido en esta vereda humilde pero a la vez importante, en el que se comentan muchos eventos históricos que sucedieron en torno a esta zona estratégica, ubicada en el municipio de Chocontá, departamento de Cundinamarca, a continuación se narran los principales acontecimientos de los siglos XIX y XX, con base en la tesis doctoral que presentó Orlando Fals-Borda en la Universidad de Florida en 1955.


Como se mencionó en la Primera Parte de este artículo y en el post titulado Orígenes de la familia Palacios-Sánchez, publicado el 31 de mayo de 2019 en este blog, la vereda de Saucío fue la cuna y primer hogar de la Familia Palacios Sánchez.


 

Período Republicano

 

Treinta años después de la Rebelión de los Comuneros, cuando las barreras de la carretera empezaron a caerse, al despertar de la revolución de Independencia. Entonces la legendaria vereda recuperó su importancia estratégica para las operaciones militares, y Saucío presenció una vez más el paso de los ejércitos, como en la época del zipa Nemequene. Fueron ejércitos que obtenían su  alimento de productos de la tierra, y también aumentaban sus filas con los hombres que reclutaban en su camino. Los líderes de los partidos contendientes no se detuvieron a preguntar a la gente del campo sobre sus preferencias políticas; reclutaban soldados mientras marchaban hacia y desde Bogotá: tanto Antonio Nariño como su enemigo Antonio Baraya, en Junio de 1912; Manuel Serviez y sus perseguidores, el Pacificador Pablo Morillo y Sebastián Calzada, en Mayo de 1816; el Coronel Carlos Tolrá, quien ejecutó a los patriotas en la plaza principal del pueblo de Chocontá en 1817, y su enemigo el guerrillero incansable Juan José Neira, futuro comandante militar de Chocontá (1819) y héroe de Buenavista (1840). Tantas guerras como conflictos trajeron entonces el caos, tanto ideológico como económico, a través de este camino veredal.

 

La población rural ignoraba por completo los ideales de la revolución. Sin embargo, bajo el liderazgo de los alcaldes de Chocontá, José María Maldonado y Luis Forero, quienes habían apoyado los actos del Consejo Supremo desde el comienzo de la agitación el 20 de julio de 1810, los chocontanos empezaron a ponerse del lado de los patriotas; cincuenta jinetes fueron reclutados localmente y enviados a Bogotá pocos días después del golpe. Como compensación y recompensa, el 6 de agosto de 1810, el Consejo Supremo declaró a Chocontá villa. Sin embargo, hay razones para creer que muchos saucitas prefirieron pelear por el rey, o no pelear por ningún bando, pues parecían muy satisfechos cuando Morillo restauró el poder de España durante tres años.



 

Sin embargo, no se desarrolló una resistencia activa contra los patriotas en el área de Saucío, como en la región de Nariño en el sur de Colombia. De hecho, después del triunfo de Bolívar en Boyacá el 7 de agosto de 1819, los chocontanos, bajo el liderazgo de Neira, suministraron un flujo constante de soldados para el ejército de Libertador. Viajando hasta Perú y Bolivia, muchos campesinos humildes pagaron su contribución al holocausto derivado de la guerra de independencia. Por lo tanto, los chocontanos merecían y tenían derecho a una recompense, así como lo tuvieron los veteranos de otras partes de la república. Entonces el gobierno de Bogotá patrocinó una redistribución de tierras con este propósito, y así fue como Neira, entre otros, llegó a ser dueño de una muy buena finca en esta zona. Pero luego en 1839 tuvo lugar otra gran conmoción cuando las tierras de la reservación indígena se dividieron entre los campesinos. El camino veredal, que pasó a llamarse "camino nacional de Tunja", trajo una compañía de agrimensores, instrumentos y otras herramientas. Los topógrafos  pronto dimensionaron y repartieron las pequeñas parcelas que resultaban para cada hogar. A partir de entonces los saucitas perdieron el título comunitario sobre la tierra, y cada individuo se hacía responsable de sus propias parcelas y de la subsistencia de él y su familia.


 

Esta distribución de la tierra fue una medida democrática, pero demostró ser poco realista, y la carretera nacional se convirtió en un instrumento de desorganización social. Incapaces de utilizar su corto aprendizaje como propietarios para sacarle provecho a sus parcelas, muchos saucitas, así como muchos otros chocontanos, vendieron las parcelas a hacendados locales y a diversos especuladores por un valor menor al del avalúo de la propiedad. La miseria asfixió a muchos campesinos mientras el camino veredal comenzaba a llenarse de mendigos; por lo tanto el nuevo camino no logró traer paz y prosperidad. Al contrario, pareció ampliar la brecha entre la clase alta y la clase baja, entre los terratenientes y los minifundistas; entonces una especie de lucha de clases comenzó a tomar forma, y vino a culminar un día de noviembre de 1853, cuando unos tres mil campesinos se amotinaron en las calles de Chocontá. Ese día precisamente se celebraba la fiesta de Nuestra Señora de los Campos, y tanto los saucitas como las demás personas de la comunidad habían venido a la ciudad para asistir a las procesiones tradicionales. Un grupo de campesinos ebrios comenzó a insultar a la familia del terrateniente Maldonado Neira. Pronto los que, por una razón u otra, habían sentido que se les había cometido una injusticia, se unieron a los campesinos borrachos. El motín no se controló hasta que los padres dominicos intervinieron personalmente.

 

Durante el largo período de guerras civiles, la carretera nacional se convirtió más en una deventaja que en una ventaja para Saucío. Su posición estratégica hacía casi imperativo que los líderes de los grupos en contienda pasaran por allí en ambas direcciones; y así como en la época de la guerra de independencia, estos líderes también reclutaron a hombres locales. Una vez en 1854 las mareas de la revolución trajeron al segundo vicepresidente Tomás Herrera, quien se proclamó presidente del país en Chocontá.


 

Los numerosos conflictos civiles que hubo en esa zona arruinaron a las empresas rurales. Los ancianos de Saucío aún recuerdan los tiempos en que los ejércitos que pasaban confiscaban sus rebaños de ganado. Sin embargo, tal caos terminó en 1902, cuando los liberales y conservadores que estaban en guerra civil, firmaron una tregua a bordo del buque de guerra estadounidense "Wisconsin". A partir de entonces la gente de Saucío pudo entregarse a empresas constructivas; se aumentaron las comunicaciones, y los nuevos contactos, así como la paz, le dieron a Saucío una mirada diferente y un espíritu optimista.

 

Un evento emocionante se presentó en 1905 cuando llegó la noticia de que el presidente Rafael Reyes planeaba pasar por Saucío en un viaje oficial a Tunja. Este evento, por supuesto dió motivo a la acción política, a corridas de toros, bailes y discursos. Pero, lo que hizo más interesante la visita presidencial fue el hecho de que el general Reyes iba a viajar en automóvil: un Mercedes Benz reluciente le había sido entregado en Bogotá, y el presidente estaba ansioso por probarlo en las carreteras colombianas.



Según lo solicitado por los ingenieros presidenciales, los saucitas unieron sus fuerzas para reparar la carretera nacional y ensancharla en algunos lugares; con un entendimiento que se consideraba inusual para estos campesinos, la gente de Saucío trabajó en este proyecto comunal por su cuenta; parecían darse cuenta de que con el paso del automóvil y la reparación de la carretera comenzaba una nueva era. Con la paz asegurada, era posible pensar en proyectos distintos de huir de los ejércitos y luchar contra hermanos. 

 

Así, un día de 1906 el coche presidencial entró ruidosamente en Saucío. Las ovejas que habían dejado los campesinos pastando junto al camino, se retiraron apresuradamente hacia las acequias; los granjeros salieron corriendo de sus chozas para ver el vehículo, mientras el conductor de sombrero tocaba la bocina con orgullo. Hubo un murmullo de admiración cuando el carro vadeó gloriosamente un arroyo del río Saucío y subió el cerro de Hatoviejo sin mostrar signos de fatiga. El presidente agitó la mano mientras los respetuosos campesinos se quitaban el sombrero y miraban boquiabiertos. Algunos niños portaban banderas tricolores, pero en la emoción del momento las dejaron caer y corrieron a esconderse detrás de sus padres. Al parecer, sólo el caballo del conquistador Jiménez de Quesada había causado un impacto cultural tan profundo.

 


Para cuando el presidente Reyes regresó de Tunja como un héroe, la carretera ya no era una carretera nacional; se había convertido en la "Carretera Central del Norte". El hecho de que los automóviles tuvieran serias dificultades en ciertas partes de la antigua carretera hizo que los ingenieros del gobierno variaran un poco su curso. Este fue un proceso que tomó alrededor de 30 años, desde 1910 hasta 1940. Los saucitas pronto se familiarizaron con camiones, rodillos, mezcladoras de asfalto, detonadores, instrumentos de medición, tránsitos y balanzas.

 

Un impulso adicional produjo en la vereda de Saucío la construcción del Ferrocarril del Nordeste, entre los años 1924 y 1929. Una empresa belga desarrolló este proyecto con total éxito, excepto por un deslizamiento de tierra en Arrayanes que mató a varios trabajadores. El ferrocarril corría casi paralelo a la Carretera Central del Norte; cuando se inauguraron los servicios en agosto de 1929, la vereda de Saucío se convirtió en una de las paradas obligatorias de los trenes. Este servicio se terminó en la década de 1930, pero los trenes y automóviles han continuado parando ocasionalmente en la vereda cuando necesitan hacerlo. 



Viajar y comunicarse con Bogotá se volvió fácil: antes de que se construyeran la carretera y el ferrocarril, los viajeros iban a caballo o en carruaje, pero tenían que pasar la noche en Nemocón o Cajicá. Ahora, con una parada de tren prácticamente en el patio tresero de sus casas, Bogotá estaba a solo tres horas de distancia de los Saucitas. En 1931, cuando el ferrocarril y la Carretera estaban comprometidos en una sana competencia, éstos sirvieron como alimentadores humanos para la capital y sus nuevas industrias; por lo tanbto, Saucío comenzó a sentir el jalón de la ciudad que estaba en crecimiento. Al principio las mujeres fueron las más sensibles a la posibilidad de trabajar en la capital, especialmente como sirvientas en casas particulares; luego, los hombres comenzaron a migrar, principalmente como obreros de la construcción y de las industrias.

 


Pero la carretera y el ferrocarril también creaaron una corriente cultural en sentido opuesto: el moderno proceso de racionalismo que desafía lo tradicional y lo sagrado, comenzó a hacer incursiones en la vereda de Saucío. Algunos valores antiguos, como los de la agricultura, ya no lo abarcaban todo; el vestuario, la música y las creencias sufrieron algo por el contacto con el mundo exterior; los periódicos de Bogotá comenzaron a venderse localmente; los maestros ya no eran del municipio o de la comunidad; muchos de ellos fueron capacitados en escuelas de la capital. El dueño de la Hacienda Las Julias, la principal finca de Saucío, pronto descartó sus coches tirados por caballos, y compró un automóvil; por otra parte el nieto del dueño, quien entonces administraba la hacienda, fue el primero en introducir un tractor agrícola, a principios de 1949.

 


El ejército nacional, que estaba bien organizado desde la época del presidente Rafael Reyes, reclutó a saucitas sencillos, los entrenó en cuarteles militares en otros lugares del país, y los devolvió activos pero inadaptados a las condiciones locales en las que habían crecido. Dirigentes de izquierda nacional, como Jorge Eliécer Gaitán que predicaban la redención del proletariado y arremetían contra los llamados "oligarcas", empezaron a apelar al pueblo de Saucío; los campesinos acudieron en masa a votar por Gaitán en la mayoría de las elecciones, incluída la presidencial de 1944, cuando el famoso político fue uno de los candidatos favoritos. El descontento y las posibilidades de una vida nueva y diferente fueron algunos de los principales cambios culturales que trajeron a Saucío la Carretera Central del Norte y el ferrocarril.



Lo que probablemente hizo más en los últimos tiempos para desafiar las características tradicionales de la comunidad de Saucío fue la gran obra de la represa del Sisga. Desde la época en que los ingenieros colombianos intentaron por primera vez la construcción de la represa en 1946, muchos agricultores jóvenes se dedicaron a la mecánica y a trabajos que antes eran inimaginables. Luego, cuando la empresa Wistom Brothers, una corporación de Minnesota, Estados Unidos, mediante un contrato con el gobierno colombiano emprendió las obras de la represa en 1948, les presentó a los campesinos los últimos tipos de maquinaria y equipo pesado para la construcción. Además, con el servicio de transporte en los camiones de la empresa que les paraban en la carretera, los Saucitas acudieron en masa con entusiasmo a las nuevas obras; pero sus empresas agrícolas sufrieron. 



 

La generación de los mayores en edad y las mujeres se quedaron en las granjas, pero tuvieron dificultad para recuperar la mano de obra de los hombres que se habían ido. Mientras tanto, los jóvenes trabajadores de la represa se enorgullecían de ser ayudantes del operador de tractores (uno de ellos se convirtió en un buen operador), o engrasadores, o ayudantes de mecánico. Algunos se dedicaron al trabajo en túneles, otros se dedicaron a trabajos de electricidad, soldadura, doblado de acero, mezclado de concreto, plomería, y muchos aprendieron a conducir camiones y a manejarlos bien.

 

Al mismo tiempo, el trabajar en la represa hizo que los campesinos fueran más conscientes de las nuevas y avanzadas leyes sociales que habían sido promulgadas en Colombia de 1936 a 1945. A los agricultores jóvenes les tomó poco tiempo conocer y aprovechar al máximo las cesantias (indemnización por despido), vacaciones, seguros, bonificaciones y otros beneficios provistos por esas leyes. Por primera vez, los saucitas se enteraron de la existencia de un tribunal laboral donde podían presentar denuncias cuando pensaran que se les había cometido una injusticia.

 

Para muchos agricultores jóvenes, la represa del Sisga significó una despedida de la vida rural. Algunos saucitas que trabajaron en la represa, donde aprendieron nuevos trabajos y habilidades, se mudaron a Bogotá y a otras ciudades, y han prosperado. Asimismo, prácticamente todos los campesinos que trabajaron en la represa del Sisga y se quedaron en Saucío, también mostraron signos de prosperidad, pues los salarios en la represa eran más altos que en cualquier otra empresa de la zona, lo que les permitió a algunos trabajadores ahorrar suficiente dinero para comprar un terreno y construir una casa con techo de tejas. Uno de ellos, por ejemplo, hizo este salto de su bajo estatus al de ser propietario-operador en el increíblemente corto tiempo de un año y medio. 

 



Otros saucitas compraron muebles, bicicletas, relojes de sala y de pulso (que todavía son una rareza, a pesar del avance en las compras), y vestidos. La mayoría acudía con mayor frecuencia, y con más majestuosidad a las habituales demostraciones de prestigio que requerían tomar cerveza o licor, y asistir a las tiendas donde además de tomar cerveza, compraban cigarrillos, comida y artículos diversos. Dichas tiendas, por lo general, tienen una cancha para un deporte al aire libre llamado tejo; éstas tienen las características de un "club de campo" o de esparcimiento, donde los campesinos conversan, toman cerveza, compiten y dedican gran parte de su tiempo libre.




 

De otra parte, el trabajar en estrecha colaboración con el personal norteamericano despertó en los trabajadores de origen campesino un leve interés, tanto por el idioma inglés como por los asuntos del exterior. El conflicto coreano, por ejemplo, fue seguido bastante de cerca por los saucitas, incluso antes de que las tropas colombianas fueran enviadas allí (entre ellos había un saucita, quien justamente era miembro de la familia Palacios-Sánchez). También el hecho de que en la represa del Sisga hubiera empleados de prácticamente todos los departamentos del país, desde la costa atlántica hasta Nariño, hizo que los saucitas conocieran mejor los diferentes elementos que componen la nacionalidad colombiana. Indiscutiblemente, estos encuentros con pueblos de otras tierras dejaron una impresión viva y duradera en la mente de los campesinos locales.

 

Así Saucío ha tenido todas las ventajas y desventajas de una zona por la que atraviesa una carretera principal, gozando a la vez de medios de comunicación rápidos. Desde la época indígena hasta la actualidad, la gente de esta vereda ha sido sometida a un proceso de cambio cultural más intenso que en otras zonas cercanas, donde el aislamiento ha creado su estancamiento. Este proceso de cambio ha estado impulsado principalmente por razones militares, religiosas y económicas, y se focalizó en esa vereda. Luego éste se convirtió en un proceso de cambio cultural dirigido, cuando el camino real español solo servía para fines provinciales; y más recientemente, después de un período de laissez faire y de caos que utilizó la carretera nacional como su canal de distribución, la vereda de Saucío ha ingresado al mundo moderno a través de la Carretera Central y las fuerzas racionalistas que éste avance representa.



Las fotos en blanco y negro fueron tomadas de la publicación Peasant Society in the Colombian Andes – A Sociological Study of Saucío, escrito por Orlando Fals-Borda y publicado por University of Florida Press, Gainesville, en 1955.

 

 

 

Friday, March 12, 2021

Gobernantes Muiscas – Los Zaques

Zipazaques era el título de nobleza de los gobernantes de la parte norte de la Confederación Muisca que pobló el altiplano cundiboyacense. Su sede de gobierno original fue la población de Hunza, hoy Tunja, capital del departamento de Boyacá. 

 

Primer Zacazgo

 

El cronista Lucas Fernández de Piedrahíta[1] sostiene que Hunzahúa fue el primer Zaque de Tunja, aunque este zaque dominó todas las tierras de los Muiscas, desde el Chicamocha hasta el territorio de los Sutagaos, y desde las vertientes de los Llanos de San Juan hasta las fronteras de los Panches, Colinas, Pijaos y Muzos, incluyendo toda la tierra de Vélez y Oiba, gobernando en paz y con justicia. El nombre de Hunza o Tunja deriva del nombre del mítico cacique de la ciudad, Hunzahúa (palabra chibcha que significa ‘varón poderoso’), quien estaba a la cabeza del gobierno de todo el territorio muisca, y mantenía numerosos cercados como el de Quiminza, al igual que los templos de adoración religiosa como el Pozo de Hunzahúa y los Cojines del Zaque. 

 



Existía la creencia entre los indígenas de que dicho pozo no tenía fondo, y que además, entre sus aguas había pilares sobre los cuales estaba sostenida la ciudad de Tunja. Durante la Conquista Española hubo un intento de secar la laguna, pero al momento de empezar, la ciudad empezó a temblar, por lo cual se desistió del objetivo. Una leyenda muisca decía que Hunzahúa tenía una hermana tan hermosa, que no pudiera haberse hallado otra como ella entre todas las doncellas chibchas. El veleidoso monarca se enamoró apasionadamente de su hermana y comunicó a su madre su determinación; pero ella se negó a dársela como esposa. Los chibchas tenían prohibido el matrimonio entre parientes, hasta el segundo grado de consanguinidad, y en toda la nación muisca era tan abominable el incesto, que tenía siempre por castigo la muerte. Hunzahúa, quien era fuerte y luchador en las batallas, quedó anonadado ante la inflexible negativa de su madre. La más acerba tristeza abatió por muchos días el ánimo del soberano de los chibchas, y prefirió huir a Chipatae, robando a su hermana de la tutela de su madre; en Chipatae la hizo su esposa. Algún tiempo después, el recuerdo de su madre desolada, los forzó a volver a Tunja al hogar materno. 

 

Una vez  la madre comprobó que los dos hijos eran esposos, montó en cólera y dispuso corregir a su hija con un severo castigo: echó mano de la sana, que era un palo para revolver la chicha, pero la muchacha se amparó tras de la tinaja, esquivando el tremendo garrotazo, que dio estruendosamente sobre la gacha o moya donde se guardaba la chicha, la cual se derramó y formó el pozo de Hunzahúa, que es como se le denomina la famosa laguna situada al norte de la ciudad.  Los dos desalentados hermanos abandonaron a Tunja y partieron hacia el sur, hasta Susa. Cuando el Zaque se dispuso a recibir con alegría de su esposa, el primer fruto de su gran amor, los nuevos padres quedaron espantados al ver que el niño recién nacido, de repente, se convertió en piedra y se quedó como una estatua.



Segundo Zacazgo

 

Michúa, fue uno de los Zaques de Hunza, sucesor de Huanzahúa, quien gobernó la región norte de la Confederación Muisca. El zaque Michúa aparece mencionado por primera vez en 1688, en la primera parte de la Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada, del cronista neogranadino Lucas Fernández de Piedrahita.



Cuando el zipa Saguamanchica conquistó las tierras de Fusagasugá y de los Sutagaos, sometiéndolas a su dominio, el sibyntiba o cacique de Guatavita se sintió ofendido por la arrogancia del zipa, que quería tener dominio sobre todos sus vecinos. Entonces Guatavita rompió relaciones con el Zipa de Bacatá y le pidió ayuda a Michúa, Zaque de Hunza, con quien tenía estrecha relación. Michúa respondió favorablemente al pedido de ayuda de Guatavita. Entonces el zaque, quien consideró ofendida la antigüedad de su linaje, que consideraba anterior al del zipa, envió un heraldo suyo a que citara a Saguamanchica para que compareciese ante su corte y respondiese por las quejas presentadas por Guatavita. El zipa respondió burlándose del mensaje del zaque, y maltratando a su heraldo.

 

Entonces el zaque juntó un ejército de 40.000 guechas (guerreros muiscas), y marchando hacia la frontera del Zipazgo, se enteró de que su enemigo ya estaba listo para presentarle batalla, y que había juntado a sus hombres con los de Sopó, cuyos habitantes eran tradicionales enemigos del Zacazgo y fieles al zipa. El zaque temió entonces que su ejército no resultara lo suficientemente fuerte como para ganar la batalla, y se devolvió a sus dominios, lo que afectó notablemente su reputación y le dio más ánimos al zipa, cuando éste se hubo enterado.

 

El zipa aprovechó la huida del zaque para castigar al pueblo de Ubaque, cuyo cacique lo había traicionado uniéndose al bando del zaque e invadiendo y destruyendo los pueblos de Pasca, y Une. Las confrontaciones al interior del Zipazgo resultaron desfavorables para Saguamanchica, pues entre tanto aprovecharon los panches para invader Zipacón y Tena, mientras que Guatavita había movilizado a sus hombres para invader Chía y Cajicá. Entonces el zipa, aconsejado por sus ministros, dividió su ejército en dos tropas, una para que contuviese el ataque de los panches al suroccidente, y otro para que enfrentase al Guatavita. En la pacificación del Zipazgo se demoró el zipa dieciséis años, hasta que tuvo oportunidad de pensar de nuevo en la confrontación con el zaque.

 

Batalla de Chocontá

 

En 1490, una vez que tuvo el zipa el control sobre sus territorios, juntó todo su ejército y fingió dirigirse contra los panches, pero en realidad lo condujo aceleradamente hacia Sopó, donde juntó sus fuerzas con las de este cacique y otros enemigos del zaque para tomar rumbo hacia el Zacazgo. En el camino pasaron por Guatavita, cuyo cacique, atemorizado por la última derrota, no se atrevió a hacerles frente. El ejército del zipa se componía de 50.000 hombres.

 

El zaque se enteró de todo desde que el zipa estaba en Sopó, y viendo que no había forma de evitar la confrontación, juntó un ejército de 60.000 hombres, y marchando aceleradamente llegó a Chocontá, jurisdicción del Zipazgo; allí el zaque hizo descansar a sus hombres. Cuando el zipa llegó con sus tropas, se inició inmediatamente la Batalla de Chocontá, que fue particularmente sangrienta. Al final ganaron los bacataes, al mando del zipa, pero tanto Saguamanchica como Michúa perdieron la vida. Sin embargo, el zipa alcanzó a ver el triunfo de sus hombres poco antes de morir. Michúa murió en el campo de batalla; su cuerpo fue llevado por sus hombres de regreso a Hunza, donde se lo presentaron a su sobrino, Quemuenchatocha, quien tenía en ese momento dieciocho años de edad, y fue quien le sucedió en el trono.

 

Tercer Zacazgo

 

Quemuenchatocha nació en Hunza en 1472 y murió en Ramiriquí en 1537; fue el penúltimo zaque de Hunza, quien fue erigido sucesor de su tío Michúa, como zaque de Hunza, cuando tenía la edad de 18 años. Fue rival de los zipas Nemequene y Tisquesusa; pactó la paz con este ultimo, por mediación del sacerdote Sugamuxi después de varios años de guerra fratricida en la Confederación Muisca en 1537. Al enterarse de la llegada de los conquistadores españoles, tuvo que salvar a tiempo sus tesoros y prohibió bajo graves penas que se les indicara el camino a su cercado. Cuando se enteró de que se aproximaban, envió regalos y emisarios de paz para detenerlos mientras ocultaba sus tesoros y se ponía a salvo. Sin embargo, el 2 de agosto de 1537 los españoles saquearon Hunza y lo tomaron prisionero. 



Fue descrito por Juan de Castellanos[2], explorador, militar, cronista y sacerdote español, como un anciano, de gruesa y espantable corpulencia, sagaz, astuto y cruel, además de un temperamento recio e iracundo que nadie se atrevía a mirarle al rostro; todos iban ante él con la cabeza inclinada. Finalmente Quemuenchatocha fue llevado hasta Suesca, con el fin de obligarle a confesar el lugar donde ocultaba sus tesoros. En su ausencia, abdicó en su sobrino Aquiminzaque. Quemuenchatocha murió al poco tiempo en Ramiriquí.

 

Último Zacazgo


Aquiminzaque era sobrino de Quemuenchatocha y asumió el zacazgo cuando su tío fue llevado a Suesca como prisionero; fue el ultimo zaque de Hunza, desde 1537. Se le reconoce como un hábil gobernante en sus dos primeros años como Zaque, aunque su gobierno fue impactado por las vicisitudes de los conquistadores españoles en su territorio. 

 


En un principio, Aquiminzaque mantuvo colaboración con los españoles e inclusive se convirtió al catolicismosin embargo, por las continuas y numerosas exigencias que hacían los españoles a los indígenas le generaron una gran inconformidad, razón por la cual él y varios señores muiscas trataron de rebelarse. La conspiración fue descubierta por Hernán Pérez de Quesada en un acto público que tuvo lugar en Hunza; allí, el hermano de Gonzalo Jiménez de Quesada apresó a Aquiminzaque y a otros señores principales y los hizo decapitar en la plaza principal, hoy Plaza de Bolívar. Su muerte marcó el final de la dinastía de los zaques tunjanos, y con ella la Confederación Muisca llegaría a su fin.

 


 


[1] Lucas Fernández de Piedrahíta nació en Santa Fe de Bogotá el 6 de marzo de 1624; estudió en el Colegio San Bartolomé, pasando posteriormente a la Universidad de Santo Tomás. Ejerció como cura en Fusagasugá y en Paipa, alcanzando luego el puesto de canónigo de la iglesia metropolitana. Fue llamado a comparecer en el Consejo de Indias, acusado por varios cargos vinculados a una visita en el Reino de Castilla durante la llamada época de Cornejo. Viajó a España y compareció en el juicio durante 6 años, siendo hallado inocente. Más tarde, el monarca lo nombró obispo de Santa Marta como premio a sus méritos y servicios y como compensación por la acusación errónea por parte de la Corona que lo llevó a Castilla para que compareciera.

 

En 1669 fue consagrado en Cartagena de Indias como Obispo de Santa Marta. En 1676, a los 52 años, fue nombrado obispo de Panamá. Sin embargo, mientras se dirigía su nueva diócesis, fue apresado por los corsarios francés e inglés Cox y Duncan, capitanes de Morgan, quienes estaban atacando a Santa Marta. Debido a su pobreza manifiesta, los corsarios creyeron que los estaba engañando  y lo torturaron para que les indicara el lugar en el que escondían las riquezas de la iglesia. Debido a que no consiguieron que se lo dijera, lo llevaron con ellos a la isla Providencia, donde Morgan lo liberó y le regaló un pontifical y otros adornos sagrados robados en su asalto a Panamá. Tras su liberación, inició su viaje a Panamá. Luego de arribar, ocupó su tiempo en la enseñanza religiosa, la predicación la organización de la diócesis y en la evangelización de los indígenas del Darién del sur. 

 

En 1681, Carlos II de España lo nombró gobernador de Panamá, cargo que ocupó hasta 1682. Murió en Panamá en 1688 con más de sesenta años, mientras se editaba su libro, el cual no llegó a ver publicado Sin embargo, solo fue impreso su primer volumen, ya que el segundo se perdió o no llegó a imprimirse. Sus dos primeros volúmenes hablaban del periodo prehispánico de Panamá; el tercero, registra la era colonial desde la fundación de Santa Marta por Rodrigo de Bastidas, finalizando con la llegada del gobernador Andrés Díaz Venero de Leiva en 1563.

[2] Juan de Castellanos nació el 9 de marzo de 1522. Fue hijo de campesinos, y desde niño abandonó el pueblo para irse a Sevilla bajo la tutela del bachiller Miguel de Heredia, para estudiar latín, gramática, preceptiva y poesía en la Escuela de Estudios Generales de Sevilla. Muy joven, con diecisiete años y quizá sin el permiso familiar, marchó como soldado a América en compañía de su coterráneo Baltasar de León, pero en San Juan de Puerto Rico empezó a ayudar al obispo de la isla y, fallecido este, estuvo en Santo Domingo, Aruba, Bonaire y Curacao, dedicado a secuestrar indígenas para el comercio de esclavos. En 1541 llegó a la isla de Cubagua o "de las Perlas", donde, "con ayuda de los nativos", se dedicó a la industria que le daba su nombre. Después pasó por Santa Marta, Salinas de Tapé y finalmente llegó a Cartagena de Indias en 1545. En 1550 fundó la villa de Upar (Valledupar) junto con Hernando de Santana, y empezó los trámites para ordenarse como sacerdote, lo que consigue en Cartagena de Indias en 1559. En Cartagena de Indias ejerció de capellán hasta 1558 y luego en Riohacha hasta 1561 como vicario. En 1562 se le nombró cura de la Catedral de Tunja y en 1569 beneficiado de la misma por real provisión de Felipe II. Murió en este cargo a la muy avanzada edad de 85 años, el 27 de diciembre de 1607.

Su obra más destacada es el poema Elegías de varones ilustres de Indias de 113.609 versos endecasílabos agrupados en octavas reales (se trata del poema más extenso en cualquier lengua), biografías de los hombres que más se destacaron en el descubrimiento, conquista y colonización de Hispanoamérica; fue publicada en 1589 se divide en cuatro partes compuestas de diversas elegías que a su vez contienen diversos cantos. La primera parte narra los viajes de Cristóbal Colón, la conquista de las Antlllas y la exploración del río Orinoco; la segunda habla sobre Venezuela, el Cabo de la Vela y Santa Marta; la tercera, habla sobre Cartagena de Indias, Popayán y Antioquia. La cuarta y última parte es la Historia del Reino de Neuva Granada, que trata sobre la conquista de Bogotá, Tunja y pueblos aledaños. Juan de Castellanos escribió primero la obra en prosa y luego la redujo a verso, esta última tarea que le llevó diez años, dedicando finalmente su obra a Felipe II.